Desde Luján, el arzobispo de Buenos Aires volvió a marcarle la cancha al Gobierno con la lupa puesta en los sectores que peor la están pasando. Sus críticas repetidas hacia Javier Milei avivan una lectura que ya es un secreto a voces: para muchos, la jerarquía eclesiástica está volviendo a arrimarse al peronismo.
La misa de cierre de la 52ª Peregrinación a Luján dejó mucho más que cánticos y devoción. Jorge García Cuerva usó uno de los altavoces más pesados de la Iglesia local para hablar de pobreza, jubilados, personas con discapacidad, desempleados, pichones de la droga y gente durmiendo en la calle. Y aunque a Milei no lo nombró ni por casualidad, el destinatario del tiro por elevación quedó clarísimo.
“Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal supuran y parece que están infectando el corazón del pueblo”, tiró el arzobispo.
El sermón reabrió una vieja polémica que va mucho más allá de lo espiritual: ¿la Iglesia está plantando bandera frente a la Casa Rosada o simplemente está haciendo lo que le toca al advertir sobre la realidad social?
Depende de quién lo mire, claro. Pero hay un dato que no se puede soslayar: García Cuerva viene sumando roces con el rumbo económico y sus apariciones públicas ya despertaron urticaria en el oficialismo. De hecho, en los pasillos de Balcarce 50 no dudan en vincularlo con el kirchnerismo, intentando despegarlo a su vez de la conducción formal de la Conferencia Episcopal.
Del púlpito a la rosca
Hablar de pobreza o de los que sufren no es una novedad para la Iglesia; es parte de su ADN social. El ruido empieza a hacer muescas cuando esos dardos caen siempre para el mismo lado y con una sintonía fina que huele a oposición frontal.
García Cuerva volvió a pedir sensibilidad para con los jubilados, los laburantes caídos del sistema y los indigentes, además de reclamar un freno a la grieta. Todo eso se puede leer tranquilamente en clave pastoral. Pero también en clave electoral.
Y ahí se enciende la pregunta del millón de cara a lo que viene: ¿la Iglesia busca erigirse en un árbitro neutral o está reconstruyendo su histórico matrimonio con el peronismo?
Porque mientras el arzobispo le pega al modelo libertario, el peronismo agradece y se apropia de una agenda que le calza a medida: pobreza, jubilados, protección social, Estado presente y rechazo al ajuste. No hace falta que un cura baje línea pidiendo el voto para que el mensaje haga eco en la política. En este paño pesan tanto las palabras como los silencios, las prioridades y, sobre todo, a quién se le apunta con el dedo.
Viejos amores que no se olvidan
La sintonía fina entre sectores eclesiásticos y el peronismo tiene décadas de historia. Gremios, movimientos sociales, dirigentes y curas siempre tejieron redes muy aceitadas.
Por eso, cada vez que desde el altar se cuestiona con dureza a un gobierno liberal y se rescata una bandera histórica del peronismo, las interpretaciones políticas caen por su propio peso. Ojo, esto no quiere decir que toda la Iglesia sea peronista ni que los obispos caminen al unísono con el arzobispo porteño. De hecho, los analistas de pasillo marcan diferencias claras entre la postura de García Cuerva y el ala más moderada del episcopado.
Pero la duda incómoda sigue ahí: ¿la Iglesia quiere ser un faro espiritual para los caídos o se está metiendo de lleno en el barro de la disputa electoral?
Luján, el escenario perfecto
La elección del lugar no fue casualidad. La peregrinación junta a multitudes y es uno de los eventos religiosos más densos del país. Por si fuera poco, el clima está caldeado por la llegada inminente del papa León XIV en noviembre.
En ese caldo de cultivo, García Cuerva pintó una Argentina «herida» y «partida al medio».
El diagnóstico de la crisis lo puede firmar cualquiera. Lo picante es la lectura que se hace de ese cuadro y, sobre todo, qué salida se propone. Del otro lado, el oficialismo retruca que las reformas de shock son el único camino para salir de décadas de decadencia y estancamiento.
Así, detrás de las palabras bonitas sobre la fraternidad y el tejido social, lo que se debate es puro poder. La Argentina pisa el acelerador hacia un nuevo turno electoral y las instituciones con peso de fuego sobre la opinión pública empiezan a mover las fichas.
Por ahora, nadie firmó un comunicado formal respaldando a un candidato. Pero la seguidilla de críticas al Gobierno y el contenido social de los mensajes ya armaron un combo político imposible de disimular. La partida recién arranca.

