CARACAS.- La mañana del viernes 3 de julio en Buenos Aires fue helada y soleada. Con el termómetro rozando los cero grados, en pleno invierno porteño, en la pista de Ezeiza había un Boeing 787 Dreamliner. Pero no se trataba de un vuelo comercial regular.
En sus asientos viajaba un contingente de urgencia: rescatistas de las organizaciones Fénix United, CEPA y Asomevenar, cargados con mochilas, equipos de radiocomunicación, herramientas de salvataje y la mirada puesta en el Caribe. Junto a ellos, un pequeño grupo de periodistas abordamos la aeronave para dar cobertura a la catástrofe que dos violentos terremotos acababan de clavar en la costa venezolana.
Los terremotos, que tuvieron su epicentro cerca de la región costera, transformaron la fisonomía de La Guaira en cuestión de minutos. La fuerza de los temblores provocó el colapso de decenas de edificios residenciales, dejó manzanas enteras sepultadas bajo el hormigón y destruyó las principales redes de tendido eléctrico y tuberías de agua.
Con cientos de familias damnificadas a la intemperie y el riesgo inminente de una crisis sanitaria por la rotura de las cloacas, la asistencia internacional se volvió una carrera contra el reloj en un terreno que las fuerzas de seguridad internacionales ya comparan con una zona de postguerra.
El avión utilizado para el despliegue de los especialistas argentinos pertenece a Solidaire, una ONG argentina fundada por el piloto Enrique Piñeyro junto a Carla Calabrese. La organización nació en 2021 con el propósito fundamental de dar apoyo aéreo y marítimo a personas, poblaciones u organizaciones que requieran ayuda humanitaria urgente en situaciones límite.
Desde sus inicios en los hangares argentinos, Solidaire ha completado más de 100 misiones globales, manteniendo una presencia constante en la evacuación de refugiados de guerra en Europa y en el rescate directo de migrantes en situación de vulnerabilidad extrema en las aguas del mar Mediterráneo.
Tras 6 horas y 15 minutos de un vuelo directo sobre el continente, el Dreamliner tocó suelo venezolano en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.
La infraestructura principal de la terminal aérea está rota y fuera de servicio por los daños estructurales del temblor, pero una de las pistas laterales quedó operativa y actualmente se utiliza bajo estrictos protocolos de emergencia para recibir los vuelos internacionales de asistencia humanitaria. Ni bien desembarcamos, el avión volvió a encender motores y despegó rumbo a Panamá para iniciar un puente logístico continuo.
Desde su base de operaciones temporal en Panamá, el Boeing 787 comenzó un esquema intensivo de vuelos diarios para abastecer la zona afectada con insumos que no se consiguen en el lugar. El sábado la aeronave regresó a Venezuela y aportó 18 toneladas de donaciones de la Cruz Roja que incluyeron kits de higiene y módulos de cocina para los centros de evacuados.
Este lunes, el cronograma registró dos vuelos cargados de ayuda, desembarcando principalmente miles de pastillas potabilizadoras de agua, un elemento crucial para evitar brotes epidemiológicos en la población. A falta de confirmación oficial para los días martes y miércoles, se prevén dos vuelos más por jornada, lo que elevaría el total de la ayuda transportada por Solidaire a más de 100 toneladas de insumos médicos y de supervivencia al final de la semana.
En los campamentos y refugios montados en Caraballeda, los voluntarios de las distintas ONG locales que coordinan la recepción de suministros conocen bien la labor de la organización argentina. Saben quién es Enrique Piñeyro y agradecen de primera mano el despliegue operativo del avión. Para los rescatistas que trabajan entre los escombros, la llegada regular de estos cargamentos representa el soporte logístico indispensable para sostener las tareas de asistencia en una comunidad que intenta ponerse de pie.
Un escenario de devastación generalizada
Los terremotos que golpearon a Venezuela afectaron las estructuras de La Guaira y desataron una crisis humanitaria de proporciones alarmantes. Las autoridades reportan la destrucción total o parcial de miles de viviendas, dejando a una gran parte de la población civil en una situación de extrema vulnerabilidad, expuesta a la intemperie y sin acceso directo a servicios básicos esenciales.
A la pérdida material y habitacional se le suma el colapso de la red de salud local. Lo que eleva la urgencia de recibir soporte internacional constante para contener la emergencia sanitaria antes de que la situación se vuelva irreversible.

