REIKIAVIK, Islandia.– Los votantes islandeses rechazaron reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, pero el resultado no puso fin al debate sobre cómo reforzar la seguridad de la nación ártica, que depende de Estados Unidos y de la OTAN para su defensa y no cuenta con un ejército permanente.
El 52,8% de los islandeses votó en contra de la propuesta del gobierno de reabrir las conversaciones con Bruselas, frente a un 47,2% que se pronunció a favor, en una consulta que registró una participación del 82,5%.
Aunque el referéndum no es jurídicamente vinculante, la primera ministra Kristrun Frostadottir prometió respetar el resultado y descartó retomar las negociaciones durante la actual legislatura, que se extiende hasta 2028.
“Quiero ser absolutamente clara: este gobierno no retomará las negociaciones de adhesión durante esta legislatura”, dijo Frostadottir.
El resultado representa un revés para la Unión Europea, que consideraba a Islandia un candidato particularmente favorable y veía la posibilidad de relanzar su proceso de ampliación en un momento de creciente preocupación por la seguridad europea.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, afirmó que el bloque “respeta plenamente la elección democrática” de los islandeses.
Sin embargo, el rechazo no modifica la posición geopolítica de Islandia ni elimina las amenazas que llevaron al gobierno a defender una mayor integración europea. La ministra de Relaciones Exteriores, Thorgerdur Gunnarsdottir, dijo que el país deberá buscar otras vías para reforzar su seguridad. “No hemos eliminado la situación geopolítica con nuestro voto, sigue ahí y tendremos que encontrar otras formas de reforzar nuestra seguridad”, declaró.
Islandia, con unos 400.000 habitantes, es miembro de la OTAN pero no dispone de fuerzas armadas permanentes. Su defensa se apoya principalmente en su pertenencia a la alianza atlántica y en un acuerdo bilateral de defensa con Estados Unidos firmado en 1951.
El debate sobre la seguridad se intensificó durante los últimos meses por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien reiteró su interés en adquirir Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca situado en el Ártico, y cuestionó en distintas ocasiones el compromiso de Washington con la OTAN.
Ante ese escenario, Gunnarsdottir afirmó que Islandia estudiará nuevas fórmulas de cooperación. “La UE sigue siendo un socio muy importante para Islandia, y debemos reforzar aún más nuestra cooperación”, señaló. También mencionó la posibilidad de avanzar en acuerdos bilaterales y destacó los vínculos existentes con Finlandia y Noruega, además de considerar importantes a Japón y Canadá.
Un revés para Bruselas
Islandia solicitó su ingreso a la Unión Europea en 2009, pero las negociaciones avanzaron poco y fueron suspendidas en 2013. El gobierno actual había planteado reabrirlas para que los islandeses pudieran decidir posteriormente si ingresar al bloque.
Para Bruselas, la derrota supone una oportunidad perdida en un momento en que la UE busca fortalecer su posición frente a Rusia y ampliar su capacidad de defensa y cooperación con países europeos.
“La constatación es clara: la UE hoy ya no hace soñar”, afirmó la eurodiputada ecologista belga Saskia Bricmont.
El rechazo también fue celebrado por dirigentes euroescépticos y de extrema derecha.
La francesa Marine Le Pen sostuvo que el resultado demostraba el atractivo de una Europa formada por “naciones libres y soberanas” con capacidad de defender sus “intereses nacionales”, mientras que Nigel Farage, líder del partido británico Reform UK y uno de los principales impulsores del Brexit, felicitó a los islandeses por haber votado para preservar su independencia.
El peso de la pesca
La posibilidad de incorporarse a la UE enfrentaba además un obstáculo interno de larga data: la pesca, uno de los sectores estratégicos de la economía islandesa.
Aunque Bruselas había señalado que estaba dispuesta a negociar cuestiones sensibles, el sector pesquero teme que la incorporación al bloque implique someterse a la política pesquera común, con sus sistemas de cuotas y delimitación de zonas de captura.
Para muchos islandeses, conservar el control sobre sus recursos pesqueros es uno de los principales argumentos para mantener la independencia de Bruselas.
El proceso de adhesión a la UE, además, suele ser largo y complejo. Croacia fue el último país en incorporarse al bloque, en julio de 2013, mientras que Albania, Bosnia y Herzegovina, Georgia, Moldavia, Montenegro, Macedonia del Norte, Serbia, Turquía y Ucrania tienen actualmente distintos grados de vinculación con el proceso de ampliación.
Turquía presentó su solicitud en 1987 y fue reconocida como candidata en 1999, pero las negociaciones comenzaron recién en 2005 y prácticamente no registraron avances en los últimos años. Ucrania, por su parte, cuenta con el respaldo político de la UE para su eventual incorporación, aunque el proceso está condicionado por la guerra con Rusia.
Agencias AP y Reuters

