El intendente de Ullum, David Domínguez, decidió encender la alarma… aunque a esta altura ya no es alarma: es sirena de patrullero, bocina de tren y ringtone de suegra todo junto. Después de la reunión de intendentes peronistas, el panorama quedó más claro que una heladera vacía un 29: las cuentas municipales están en terapia intensiva… y sin obra social. Según Domínguez, el problema es simple: la plata que tenía que venir de la Nación decidió tomarse vacaciones sin fecha de regreso. Resultado: los municipios vienen recibiendo entre un 20% y un 30% menos de coparticipación. Traducido al idioma criollo: están gobernando con la billetera en modo avión.
Ante semejante panorama, los intendentes resolvieron alinearse con el reclamo de la Federación Argentina de Municipios. Básicamente, unirse para gritar todos juntos lo que solos ya venían susurrando: “manden la plata”. Un clásico del federalismo versión supervivencia. Pero Domínguez además dijo que «los municipios podrían empezar a no poder pagar sueldos, y hasta el aguinaldo de julio está más en duda que la puntualidad de un tren argentino. El problema ya no es ajustar, es directamente ver si hay algo más para ajustar. Por si faltaba condimento, el intendente explicó que las comunas están cubriendo gastos que no les corresponden. Es decir, están haciendo de Nación, de Provincia… y en cualquier momento de ONG solidaria. Todo con recursos que, claro, no aparecen ni en figuritas.
Y como en toda buena historia argentina, también hay capítulo de puertas que no se abren: intentaron hablar con la Provincia, pero la respuesta fue el silencio administrativo, esa forma elegante de decir “te vimos, pero estamos ocupados, hoy no te podemos atender”. Así las cosas, Domínguez dejó claro que ahora el reclamo apunta directo a Nación, como quien deja de discutir con el kiosquero y va a golpearle la puerta a la fábrica de caramelos duros. Porque la prioridad ya no es política ni discursiva, es ver cómo hacer para que el municipio no termine funcionando a vela.
Los intendentes gritan que las intendencias están haciendo malabares con monedas, la plata no llega, los gastos sí, y el Estado juega al gran juego nacional: “yo no fui”. Un deporte olímpico que, curiosamente, siempre deja el podio vacío, pero las cajas también.

