Gambetea y elude a sus perseguidores. Desde hace años. Se expuso y se dio todos los gustos. Ha quedado en offside infinidad de veces. Pero siempre volvió, Para seguir sumando. En todos los espacios. Como armador y ejecutor. Los propios lo admiran. Y lo extrañan cuando no está. Algunas (auto)lesiones lo han complicado, pero su influencia sigue intacta. Muchos de sus rivales lo elogian, lo admiran y lo envidian. En privado
Su lugar natural está a la derecha. Pero es un jugador de toda la cancha. Ataca. Defiende. Raspa. Y roba. Ha sabido moverse con soltura, también, del centro a la izquierda, donde lo han sumarlo a su equipo. Para complicar adversarios. También para incomodar a algunos propios que intentaban hacer su juego. Y dejarlos pegados. Los jueces dudan a la hora de fallar en su contra. Se toman su tiempo. Muchos le deben su gloria. Y su suerte. Es argentino, pero no es Lionel Messi. Ni ninguno de los astros que deslumbran en el Mundial. Aunque algunos podrían envidiarle su fortuna. Y sus compañías Es el señor de los guardarropas. Y de los guardadólares. Es Martín Insaurralde. El eterno integrante del combinado peronista que desde las sombras sigue jugando en libertad. ¿Indetenible? El todavía cree que sí. Mundial.

