WASHINGTON.– El FBI frustró un presunto plan para atacar el evento de artes marciales mixtas organizado el fin de semana en la Casa Blanca, al que asistieron el presidente Donald Trump, altos funcionarios de su gobierno y miles de invitados, según informaron este martes el Departamento de Justicia y la propia policía federal estadounidense.
El supuesto complot, que incluía el uso de drones con explosivos y francotiradores, fue desbaratado antes de que pudiera ejecutarse, afirmaron las autoridades. El Departamento de Justicia anunció cargos contra cinco hombres de entre 19 y 32 años, procedentes de Ohio, Missouri, Nebraska y California.
De acuerdo con documentos judiciales, los sospechosos habían discutido la posibilidad de lanzar drones sobre la Casa Blanca durante el combate de la Ultimate Fighting Championship (UFC), con el objetivo de provocar una evacuación y luego disparar contra “objetivos de alto valor” entre el público. También se mencionaba una eventual “segunda oleada” para intentar forzar el ingreso al predio.
“El FBI, nuestros aliados de la policía y nuestros fiscales hicieron lo que hacen todos los días para mantener seguro a Estados Unidos, a través de su rápida respuesta y vigilancia para investigar el supuesto complot y frenarlo antes de que fuera ejecutado”, declaró el fiscal general, Todd Blanche, citado en un comunicado oficial.
El director del FBI, Kash Patel, también destacó la operación. “Gracias a la rápida actuación del FBI, de nuestros socios y del Departamento de Justicia en una operación que abarcó varios estados, varias personas están ahora bajo custodia y los ataques supuestamente planificados fueron frenados en seco”, escribió en X.
El evento “UFC Freedom 250”, celebrado el domingo en una arena temporal montada en el Jardín Sur de la Casa Blanca, coincidió con el cumpleaños número 80 de Trump y fue presentado como el inicio de las celebraciones por los 250 años de la independencia de Estados Unidos. El mandatario se mezcló con miles de fanáticos de la UFC y observó los combates en un despliegue inédito para la sede presidencial.
Según los documentos judiciales revelados el martes, los investigadores recuperaron armas de fuego de alto poder en poder de varios sospechosos y revisaron mensajes cifrados en los que un grupo de alrededor de 20 personas compartía mapas, imágenes aéreas del área y comentarios sobre rutas de escape y posibles lugares de resguardo tras el ataque.
Sin embargo, los registros también muestran que no está claro hasta qué punto el plan estaba cerca de concretarse. Algunos de los sospechosos o presuntos cómplices interrogados por las autoridades dijeron que no tenían intención de cometer actos de violencia, sino de observar o acompañar a otros. Otro afirmó que pensaba asistir al evento como manifestante, pero que debió regresar porque su vehículo se descompuso.
El vicepresidente JD Vance buscó restarle dramatismo al alcance del complot. “Ni siquiera estuvo cerca del punto de ejecución”, dijo el martes por la noche en Fox News. Según Vance, la planificación “no estaba tan avanzada”. “No estaban en la ciudad. Realmente no habían hecho mucha planificación”, agregó.
El FBI tuvo conocimiento de la posible amenaza el 10 de junio, cuatro días antes del espectáculo. La alerta inicial surgió cuando la madre de uno de los detenidos, Tycen Proper, de 19 años y oriundo de Ohio, contactó a la policía preocupada por las armas que su hijo habría adquirido y por sus comunicaciones en internet.
Según la declaración jurada del FBI, Proper habría acumulado armas de fuego, miles de municiones y equipo táctico en su casa, e identificado posibles blancos, incluidos varios miembros del Congreso. El joven está acusado de delitos vinculados con armas e intento de asesinato de un funcionario o empleado de Estados Unidos.
Los investigadores indicaron que parte de la coordinación se realizaba a través de Signal y que algunos de los contactos iniciales entre los miembros del grupo se remontaban a marzo, cuando se comunicaban por un grupo de TikTok llamado “Vanguard of the Old”. Según el FBI, los participantes expresaban una mezcla de ideas antigubernamentales, agravios antisemitas, teorías conspirativas y enojo por la gestión de los archivos vinculados al fallecido financista Jeffrey Epstein.
“Los miembros del grupo declararon que querían proteger a Estados Unidos, que creían que se dirigía en la dirección equivocada”, señala la declaración jurada. “Creían que Estados Unidos necesitaba ser desbaratado para que pudiera ser reconstruido”.
Uno de los sospechosos, según Fox News, habría dicho a los investigadores que el objetivo era atacar a “élites capitalistas”, “milmillonarios” y funcionarios que recibieran donaciones del American Israel Public Affairs Committee, Aipac, un influyente grupo de presión estadounidense favorable a Israel y cercano al partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Otro detenido, Michael Alan Thomas, de 32 años y residente en California, se habría definido ante los investigadores como “planificador y asesor” del grupo. Según el FBI, dijo que no estaba dispuesto a ejecutar ataques personalmente, pero sí a guiar a otros para llevarlos adelante con el objetivo de derrocar al gobierno.
También fueron acusados Daniel K. Eskridge, de 32 años y residente en Missouri; Abraham Hermosillo Alvarez, de Omaha, Nebraska; y Bryan Omar Roa, también de California. Las autoridades sostienen que algunos de ellos participaron en conversaciones sobre posibles objetivos y planes de acción, aunque la investigación continúa abierta.
El Servicio Secreto afirmó que trabajó “estrechamente con el FBI a lo largo de toda la investigación” para identificar a los responsables y llevarlos ante la justicia. Su director, Sean Curran, destacó la coordinación entre agencias, mientras que el subdirector del organismo, Matthew Quinn, sostuvo que el caso aún sigue en curso y defendió la decisión de no revelar antes la amenaza para proteger la investigación y el operativo de seguridad.
Agencias AFP y AP

