Lo ocurrido este martes en Formosa no fue una inauguración escolar; fue una exhibición repugnante de culto a la personalidad y utilización de menores que revuelve el estómago de cualquier ciudadano con un mínimo de ética. En un escenario que remite a las peores prácticas de los regímenes autoritarios, el gobernador eterno Gildo Insfrán se prestó a una entrevista guionada y vergonzosa donde tres niños de primaria fueron forzados a actuar como «periodistas» para endiosar su figura. La escena, transmitida con orgullo por el aparato de propaganda oficial, mostró a los alumnos repitiendo frases que claramente no salieron de su propia reflexión. Con una naturalidad impostada que delata el ensayo previo, uno de los niños lanzó la pregunta más servil de la jornada, y que se la pasaron minutos antes: «¿Qué se siente ayudar a tantos niños y hacerlos felices?».
La respuesta de Insfrán, cargada de una falsa humildad, solo completó el cuadro de una obscenidad política sin precedentes. No hay nada de tierno en utilizar a niños de 8 y 10 años para validar una gestión que mantiene a la provincia bajo un puño de hierro y dependencia estatal. «El Querido Tío Gildo» se elevó al punto máximo del cinismo. Como si el interrogatorio dictado por adultos no fuera suficiente, el cierre de la «entrevista» fue el golpe final a la dignidad educativa. Los niños despidieron al mandatario llamándolo otra vez «el querido Tío Gildo». Este intento de familiarizar la figura de un caudillo político en el ámbito escolar es, lisa y llanamente, adoctrinamiento puro, como el que hacia La Cámpora con las figuras de Néstor y Cristina Kirchner en las escuelas de la Pcia. de Bs. As.
Mientras la educación argentina atraviesa crisis profundas, en Formosa la prioridad parece ser que los alumnos aprendan a agradecer al «Líder» por los útiles que se pagan con los impuestos de todos, presentándolos como si fueran una dádiva personal del bolsillo de este miserable. Las redes sociales y la oposición (No hay otra manera de expresarse libremente en Formosa), no tardaron en calificar el hecho como «asqueante». La utilización de la infancia para el marketing político es un límite que se cruzó con total impunidad, apropiación simbólica porque se entregan kits escolares con el nombre del gobernador impreso, como en algún momento lo hizo Ruckauf con zapatillas que llevaban su nombre cuando era gobernador de la Pcia. de Bs. As. , abuso de poder, porque se utiliza el horario escolar y el espacio público para lavar la imagen de un «político» , violencia institucional, porque se somete a menores a una exposición pública con fines partidarios. Lo que vimos en la EPEP N° 548 de la provincia de Formosa, no fue un acto de amor por la educación; fue el reflejo decadente de un sistema que no tiene escrúpulos en usar a los más vulnerables para sostener su relato. Un espectáculo que podía hacerse en los años 40 y 50, pero que a esta altura del siglo 21 ya no genera aplausos, sino un profundo y justificado asco.

