La firme intervención del guardameta Facundo Cambeses al contener un remate desde los doce pasos ejecutado por Alex Arce, delantero de Independiente Rivadavia de Mendoza, a los nueve minutos del período inicial, encendió la chispa de una polémica.
La máxima sanción cobrada por el juez Álvaro Carranza —tras la oportuna advertencia del VAR a cargo de Héctor Paletta y la posterior revisión en el monitor— tuvo su génesis en un tiro de esquina donde Mateo Martínez sujetó con extrema vehemencia a Leonel Bucca, al punto de dejarlo literalmente sin indumentaria en plena disputa dentro del área.
Este tipo de acciones bizarras que lindan con lo insólito no constituyen una novedad absoluta en el historial reciente del fútbol argentino. Un episodio de características gemelas se produjo en la Copa Argentina 2024, en el marco de la victoria por 3-0 de Estudiantes frente a Argentino de Monte Maíz.
En aquel cotejo dirigido por Sebastián Martínez, el Pincha dispuso de la inmejorable ocasión de estirar diferencias cuando Alexis Bonet, arquero del elenco cordobés, le contuvo un penal a Pablo Piatti. La sanción previa había obedecido a un desmedido agarrón de Facundo Rassol sobre Luciano Lollo, infracción que también terminó con la casaca completamente salida tras un centro detenido.
La lista de situaciones insólitas suma otro capítulo fresco durante el Torneo Apertura 2026, específicamente en el duelo que Instituto le ganó por 2-1 a Independiente. A los 27 minutos de la etapa inicial y con el marcador tablas, la ejecución de un tiro de esquina por parte de Ignacio Malcorra generó un tumulto en los dominios defendidos por Manuel Roffo.
En plena disputa aérea, el mediocampista local Gustavo Abregú despojó literalmente de su camiseta a Iván Marcone, dejándolo expuesto con el torso descubierto y luciendo únicamente el dispositivo de medición cardíaca.
Las enérgicas protestas del capitán visitante y sus compañeros contrastaron con la decisión final: el VAR, conducido por José Carreras, le advirtió al árbitro principal Nicolás Ramírez que el balón no se encontraba en juego al momento de la infracción, invalidando cualquier posibilidad de pena máxima ante la incredulidad generalizada y el posterior segundo tanto del dueño de casa pocos minutos más tarde.

