El Agente Rumor recibió su misión más peligrosa hasta la fecha: infiltrarse en el caos libertario y desenmascarar a los responsables del escándalo de ANDIS… sin que nadie se diera cuenta, ni siquiera el perro del portero.
Su primer objetivo: Karina Milei y Martín Menem, los fundadores del caos LLA. Rumor se acercó rodando entre los escritorios, escuchando cómo repartían culpas como si fueran caramelos y absorbían trompadas como gremialistas en elecciones internas. “Esto no es política, esto es supermercado de oportunidades de negocios”, anotó en su cuaderno secreto mientras esquivaba mas denuncias voladoras.
Luego se disfrazó de paloma mensajera para espiar a los dirigentes libertarios de San Juan más peleados que Gioja y Uñac. En ese momento estaban denunciando la corrupción y la “obediencia a rajatabla”. Desde el aire, Rumor escuchó frases explosivas: “Ahí lo tenes al pelotudo…mas rodeado de corruptos que ministro repartiendo favores”. La paloma asintió y dejó caer una mini grabadora con forma de rama de olivo sobre el escritorio.
Rumor también tuvo que infiltrarse en la boleta electoral, disfrazado de tacho de basura oficial, para analizar cómo cada candidato quería el primer puesto y nadie pensaba en unidad. “Pero este se sigue presentando, y sigue perdiendo como lápiz sin punta en examen sorpresa…»
El clímax de la misión: el despacho presidencial. Rumor, disfrazado de trofeo de Excelencia Libertaria, escuchó cómo Milei y Villarruel discutían quién respetaba a quién. Desde su pedestal improvisado, anotó: “Ni él respeta a ella, ni ella a él…, me hace acordar a mi pareja que me mandonea…»
Misión cumplida: Rumor salió rodando por la puerta, palomeando sus notas secretas de coimas, cargos y muertos políticos que gozan de excelente salud. Su conclusión: en Argentina, no hace falta espionaje sofisticado, siempre el circo sale a la luz.

