El Congreso argentino volvió a demostrar que es un lugar donde conviven dos mundos completamente distintos. No hablamos de oficialismo y oposición, ni de derecha e izquierda. Hablamos de algo mucho más evidente: los que todavía preguntan dónde queda el buffet y los que podrían hacer de guías turísticos por los pasillos del Palacio Legislativo.
Un informe elaborado por Directorio Legislativo puso números a una realidad que cualquiera que siga la política ya intuía. La Libertad Avanza y el peronismo parecen haber sido armados con manuales completamente diferentes.
Por un lado aparecen los libertarios, una fuerza donde abundan las caras nuevas, los debutantes y los que hasta hace poco veían las sesiones por televisión. Del otro lado está el peronismo, cuyos representantes parecen tener una membresía vitalicia del Congreso, con varios períodos legislativos encima y la capacidad de encontrar un despacho sin necesidad de mirar los carteles.
El Congreso según la experiencia
Los números son contundentes.
Más de la mitad de los legisladores libertarios jamás había ocupado un cargo público antes de llegar al Congreso. Para muchos, la primera credencial oficial que recibieron fue la de diputado o senador nacional.
Mientras tanto, en el peronismo ocurre exactamente lo contrario. Allí la mayoría ya pasó por casi todos los niveles posibles de la política: concejales, legisladores provinciales, diputados nacionales, senadores y, probablemente, presidentes del centro de estudiantes hace unas cuantas décadas.
La diferencia se vuelve todavía más llamativa cuando se analiza la experiencia parlamentaria.
Más del 60% de los legisladores peronistas ya había ocupado anteriormente una banca. Algunos cambiaron de cámara, otros de provincia y otros simplemente nunca dejaron el edificio. Si existiera un programa de millas legislativas, varios ya tendrían pasajes gratis hasta 2050.
En La Libertad Avanza, en cambio, menos de un tercio tenía experiencia legislativa previa. Hay quienes todavía descubren que una sesión puede durar doce horas y que pedir un cuarto intermedio no significa ir a tomar un café durante quince minutos.
Manual del legislador
Los veteranos llegan al recinto con una carpeta llena de antecedentes, asesores que conocen hasta el último reglamento y una memoria capaz de recordar quién votó qué hace quince años.
Los recién llegados, en cambio, todavía se sorprenden cuando descubren que una ley puede pasar más tiempo en comisión que un turista esperando un vuelo demorado.
Mientras unos conocen todos los atajos administrativos, los otros siguen preguntando cuál ascensor lleva al recinto sin terminar en un subsuelo.
La cuestión de género
El informe también repasó la presencia femenina en el Congreso.
Actualmente, las mujeres ocupan el 41% de las bancas en Diputados y el 46% en el Senado.
Sin embargo, la distribución cambia bastante según el partido.
La UCR aparece con la menor representación femenina en Diputados, apenas un 17%.
En el otro extremo, el PRO y Convicción Federal muestran que el Senado puede tener mayoría femenina dentro de sus bloques, alcanzando un 67%.
Como suele ocurrir en la política argentina, todos hablan de igualdad, aunque algunos todavía siguen esperando que llegue al recinto… quizás en el próximo período legislativo.
Juventud versus experiencia
La edad promedio también marca diferencias.
Los libertarios son el bloque más joven.
Promedian 48 años en Diputados y 50 en el Senado.
Es decir, todavía recuerdan haber usado MSN Messenger.
Los bloques peronistas elevan la media hasta los 54 y 56 años respectivamente.
Eso significa que muchos de sus integrantes ya atravesaron suficientes gobiernos como para responder correctamente una trivia sobre ministros de Economía sin usar Google.
La UCR, por su parte, lidera el promedio de edad en Diputados con unos respetables 60 años. Sus legisladores podrían contar en primera persona varias crisis económicas… aunque, siendo justos, los argentinos también.
Curiosamente, el PRO tiene a los senadores más jóvenes, demostrando que en política nunca conviene generalizar.
Dos formas de hacer política
Las diferencias no terminan en la edad ni en la experiencia.
Los libertarios llegaron prometiendo cambiar las reglas del juego.
Los peronistas, en cambio, parecen conocerlas de memoria… incluso las que nadie recuerda haber escrito.
Unos hablan de romper con «la vieja política».
Los otros responden que primero hay que aprender cómo funciona antes de romperla.
Entre ambos grupos, las discusiones suelen parecer un partido entre un equipo de debutantes llenos de entusiasmo y otro compuesto por veteranos que ya conocen todos los trucos del reglamento.
La odisea de conseguir información
Durante la presentación del informe, desde Directorio Legislativo reconocieron que elaborar esta radiografía del Congreso sigue siendo un verdadero trabajo de detective.
No todos los legisladores completan sus datos personales.
Algunos responden rápidamente.
Otros parecen convencidos de que llenar un formulario biográfico constituye una intromisión inadmisible en su privacidad.
Por eso la organización termina recorriendo despacho por despacho, reconstruyendo trayectorias como si estuviera armando un álbum de figuritas políticas.
El verdadero resumen
Después de leer el informe queda una conclusión inevitable.
El Congreso argentino funciona como una reunión familiar.
Siempre están los parientes nuevos, llenos de energía y convencidos de que van a cambiar todo.
Y también están los tíos que hace treinta años ocupan el mismo lugar en la mesa y aseguran haber visto pasar situaciones mucho peores.
Los primeros creen que la solución consiste en empezar de cero.
Los segundos responden que ya probaron empezar de cero varias veces.
Mientras tanto, las sesiones continúan, los proyectos avanzan lentamente, las comisiones se multiplican y los argentinos siguen mirando desde afuera preguntándose si alguna vez los dos Congresos que conviven bajo el mismo techo lograrán ponerse de acuerdo en algo más importante que el menú del buffet.

