El operativo ocurrió en pleno Capital, donde efectivos policiales detectaron a un alumno pasando un “paquetito mágico” a otros chicos a través de las rejas del colegio. Básicamente, una especie de delivery educativo: algunos reparten fotocopias, otros reparten “materia vegetal”.
La Policía secuestró el envoltorio y la Justicia Federal intervino rápidamente, porque en Argentina pueden faltar tizas, calefacción o pupitres… pero jamás falta un expediente.
Los adolescentes involucrados tendrían entre 14 y 16 años y, según trascendió, la maniobra fue descubierta por agentes que patrullaban la zona. Mala suerte para los chicos: justo el día que la seguridad funcionó.
Mientras tanto, padres y docentes quedaron alarmados, indignados y sorprendidos… aunque no tanto. Porque a esta altura, la verdadera noticia sería encontrar un recreo donde los chicos intercambien libros, figuritas o apuntes de matemática en vez de sustancias sospechosas.
San Juan ya no sabe si reforzar la educación, la seguridad o directamente poner scanner antidoping al lado del kiosco escolar.

