LONDRES.– Después de atravesar uno de los peores momentos de su carrera al perder en 2015 su segundo intento por liderar el Partido Laborista, Andy Burnham habló del dolor de ser “rechazado por gente que conocés” y se marchó a Manchester para escapar de la política londinense.
Poco más de una década después, el hombre cuya gestión como alcalde del Gran Manchester le valió el apodo de “el Rey del Norte” asumió este viernes sin oposición el liderazgo del Partido Laborista y la próxima semana se convertirá en el séptimo primer ministro británico de ese período.
La derrota y el exilio autoimpuesto que parecían haber acabado con sus posibilidades de llegar a Downing Street terminaron impulsándolo hasta el cargo político más poderoso del Reino Unido.
Tras ser elegido líder laborista, Burnham prometió el mayor cambio en cuatro décadas en la forma en que se gobierna Gran Bretaña y sostuvo que el gobierno centralizado en Londres había ignorado las necesidades de las comunidades locales.
“Trabajaré para construir una nueva política. El país la está reclamando”, dijo Burnham. “La gente espera resultados de nosotros, y los tendrá”.
Esperanza… y preguntas sin responder
Conocido por su trato afable y su optimismo natural, Burnham, de 56 años, ofrece un marcado contraste con el estilo más contenido y rígido de su antecesor, Keir Starmer.
Durante sus nueve años como alcalde del Gran Manchester, Burnham se ganó la reputación de ser un hábil comunicador dispuesto a enfrentarse al gobierno central para conseguir mejores condiciones para el noroeste de Inglaterra.
Su argumento ante el partido es que posee la experiencia y la visión necesarias para reconectar con los votantes y derrotar al partido populista y antiinmigración Reform UK, liderado por el histórico impulsor del Brexit Nigel Farage, que encabeza las encuestas desde hace meses.
Un legislador laborista afirmó que la victoria de Burnham transformó el ánimo entre sus colegas y convenció a muchos de que el partido finalmente había encontrado a un dirigente capaz de enfrentarse —y vencer— a Reform UK antes de las próximas elecciones generales de 2029.
“Se siente como si las nubes oscuras que pesaban sobre el partido finalmente se hubieran disipado”, dijo el legislador, que pidió mantener el anonimato. “Vuelve a haber esperanza”.
Sin embargo, pese al entusiasmo que rodea a Burnham, dentro del partido existe inquietud sobre cómo será realmente su gobierno.
En su único discurso desde que regresó al Parlamento hace tres semanas, Burnham aseguró que su principal objetivo será trasladar poder desde el gobierno central hacia los líderes regionales, en lo que definió como “el mayor reequilibrio del poder” de la historia reciente del Reino Unido.
Esa ambición convive con su idea de un “socialismo favorable a las empresas”, una filosofía que busca combinar un mayor control estatal sobre servicios esenciales como la energía y el transporte con una estrecha cooperación entre el gobierno y el sector privado.
Ese enfoque ha dejado a los inversores sin una idea clara de cuánto priorizará la intervención estatal o las fuerzas del mercado.
Según colaboradores de ministros, incluso altos funcionarios del gobierno desconocen cómo estará integrado el futuro gabinete de Burnham, lo que dificulta anticipar cuáles serán sus prioridades.
Quienes trabajaron con él en Manchester aseguran que esa es precisamente su forma de trabajar: escuchar y poner a prueba las ideas.
“Prefería pasar el día recorriendo barrios y hablando con la gente antes que escribiendo informes”, dijo Rose Marley, asesora de la alcaldía de Manchester y directora de Co-operatives UK, una organización sin fines de lucro que promueve empresas propiedad de sus socios.
Ascenso bajo Tony Blair y Gordon Brown
Burnham nació en Liverpool. Su padre era ingeniero telefónico y su madre trabajaba como recepcionista. Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge y luego siguió un camino habitual hacia la política: primero como investigador y después como asesor parlamentario.
Su primer cargo en el gobierno fue como ministro junior durante el mandato del entonces primer ministro Tony Blair. Más tarde fue ministro de Cultura y luego de Salud bajo el gobierno de Gordon Brown, sucesor de Blair.
Intentó sin éxito convertirse en líder laborista por primera vez en 2010 y volvió a fracasar cinco años después.
Algunos críticos dentro del partido acusan a Burnham de haber cambiado repetidamente de prioridades a lo largo de su carrera.
Durante el último año criticó al gobierno por estar “rehén de los mercados de bonos” debido a su conservadurismo fiscal. También defendió la nacionalización de sectores estratégicos y el regreso del Reino Unido a la Unión Europea.
Sin embargo, en las últimas semanas moderó su mensaje. Afirmó que sus comentarios sobre los mercados de bonos habían sido malinterpretados; reconoció que las finanzas públicas no permiten grandes nacionalizaciones y admitió que el Reino Unido no volverá a la Unión Europea en un futuro próximo.
En 2022, tras el último Mundial de fútbol, Starmer —entonces líder de la oposición— se burló de Burnham, a quien siempre consideró un rival, comparándolo con alguien dispuesto a cambiar de equipo según quién estuviera ganando el torneo.
“Andy pudo ver a su ‘equipo de la infancia’, Argentina, ganar el Mundial”, dijo Starmer en un discurso. “Fue una experiencia agridulce porque también vio perder la final a su ‘equipo de la infancia’, Francia, y caer en semifinales a sus ‘equipos de la infancia’, Marruecos y Croacia”.
Sin embargo, Starmer terminó debilitando su propia posición durante su paso por el gobierno con constantes cambios de rumbo cada vez que sus políticas encontraban resistencia.
Varios legisladores sostienen que, para evitar caer en esa misma trampa y recuperar apoyo antes de las próximas elecciones parlamentarias, Burnham deberá demostrar que puede ejercer un liderazgo firme.
De lo contrario, advirtió un legislador laborista, también podría encontrarse fuera del poder en apenas dos años.

