MADRID.- El horror de los cuerpos tirados, las mutilaciones y los gritos desesperados de los sobrevivientes lo inundó todo. España entró en shock este miércoles a las nueve, cuando se conocieron las primeras noticias de un nuevo accidente ferroviario, esta vez en Toledo, que registró por lo menos 68 muertos. Como ocurrió hace apenas nueve meses en la localidad de Adamuz, un tren AVE embistió a otra formación de Iryo que circulaba en la misma dirección, lo que provocó uno de los peores siniestros de la historia.
Los sobrevivientes relataron escenas dantescas sobre las vías, que recordaban entre el humo, la sangre y el shock que les causaron los golpes. Las fotos de los convoys destrozados hablan por sí solas. Los equipos de emergencia atendían hasta última hora a 77 heridos, 18 en grave estado, que fueron trasladados a hospitales de Madrid. Fuentes gubernamentales descuentan que la cifra de víctimas mortales aumentará en las próximas horas.
¿Cómo fue el accidente? El tren AVE 2080, que había salido después de las 8 de la estación Atocha rumbo a Sevilla, embistió al Iryo 6076, que estaba totalmente frenado, a la altura de la localidad de Urda, a una hora y media de esta capital. Los pasajeros que viajaban en la primera formación, que circulaba a más de 100 kilómetros al momento del impacto, sufrieron los peores daños.
Como en Adamuz, otra vez aparecieron las dudas y las preguntas sin respuestas. El ministro de Transportes ofreció la primera explicación pública recién cuatro horas después del accidente y apuntó a un supuesto error en el puesto de coordinación ferroviaria que opera desde Madrid.
Pero primero fallaron los frenos automáticos de los trenes de alta velocidad, clave para controlar convoys muy pesados que superan los 300 km por hora. Al pasar al sistema manual, un controlador habría dado una orden equivocada y ninguna autoridad detectó, durante 17 minutos, que un tren iba a embestir a otro que estaba detenido en esa misma vía. Qué pasó en el centro de mandos es todo un misterio.
“Es inexplicable. Absolutamente inverosímil”, dijo el ministro Oscar Puente. La Guardia Civil ya había llegado al centro de coordinación ferroviario ubicado en la estación de Atocha para interrogar a los controladores. Después, Pedro Sánchez viajó hasta Urda para hablar con los heridos y los familiares de las víctimas, algunos todavía con la esperanza de encontrarlos con vida.
“No es asumible para un país como España sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año. Vamos a llegar hasta el final. Y si ha habido negligencias, se sabrá. Y si ha habido fallos en el sistema de seguridad, se responderá con total contundencia”, dijo el presidente español.
Emergencia nacional
Todos los servicios de emergencia se movilizaron para atender a los heridos, algunos que incluso permanecían atrapados debajo de dos vagones, que habían caído varios metros por un barranco.
Eduarda, 17 años, subió al vagón cinco del AVE que la llevaría desde Madrid a Sevilla sin saber que recordaría este viaje el resto de su vida. Hablaba con la inocencia de su edad, mientras la atendían por una pequeña herida en un centro médico montado en un gimnasio municipal de la localidad de Consuegra, en Castilla La Mancha, a unos 10 kilómetros del lugar del accidente.
“Yo estaba tranquila con mis gatos, pero sentí un frenazo enorme que me tiró hacia adelante y rompió mi silla. Nos pidieron a los gritos que saliéramos del vagón y entonces entendí que era una catástrofe”, relató la adolescente a la radio Cadena Ser.
“Cuando bajamos todo fue un caos. Había gente muerta debajo de los trenes. Se podía ver partes de personas, gente que estaba atrapada y gritaba desesperada para que la rescataran. Había fuego en el vagón”, recordó y tuvo que interrumpir su testimonio para soltar un llanto. “Esos chillidos de la gente no me los voy a olvidar más en la vida”, repetía entre lágrimas.
“He visto a gente muerta. He visto a un señor al que solo se le veían las piernas y el tren estaba hundido en él. He visto gente con la cara partida completamente. He visto mucha gente muerta. Hay un vagón girado que está lleno de gente. Si escucharas los chillidos de esa gente atrapada… Espero que sobrevivan. Eso no lo olvidaré en la vida”, insistía.
Jesús era otro de los pasajeros del AVE, el más afectado por el choque. Viajaba rumbo a Sevilla y estaba en la parte de atrás del vagón número dos. “He tenido mucha suerte porque la parte de adelante de ese mismo coche estaba totalmente destrozada. Sentimos un frenazo muy fuerte y de repente vi gente volando literalmente por el pasillo. Cuando salí me encontré con heridos y muertos. Algunos cuerpos estaban atascados debajo de unos de los vagones que habían caído por el terraplén”.
Antonio estaba en la cafetería del AVE que viajaba rumbo a Sevilla. “Fue como si me pagaran fortísimo en la espalda, volé y me golpeé la cabeza”, relató. Una vez fuera del tren, recuerda imágenes impactantes. “Me encontré con una persona estaba sentada en su asiento, pero en el medio del campo. Había volado como diez metros”, dice. Y dijo que había muchos pasajeros que, aún sin sufrir heridas de gravedad, estaban en estado de shock minutos después del accidente. “Ahora mismo estoy viendo gente que se ha quedado en el medio del campo, porque estamos frente a un campo de olivos, mirando hacia adelante pero sin ver nada”, dijo, dos horas después del accidente.
Juan Casares también viajaba en el AVE, pero en el último vagón, el menos afectado por el choque. “Tuvimos un frenazo y cuando pensamos que allí terminaba todo empezaron una serie de impactos sucesivos que fueron fortísimos. Yo estaba en el vagón número uno, pero terminé en el vagón dos, porque ante cada impacto me he ido moviendo metros y metros. No te podías incorporar porque había un golpe y otro. Han sido sucesivos impactos que imagino que han sido los choques con los diferentes vagones del otro tren. Luego supimos que en el vagón siguiente, el número tres, una vía lo atravesó y hubo varios fallecidos”.
Las horas posteriores al accidente fueron de desesperación. Los familiares acudían a los pabellones preparados para recibir a los heridos, casi todos incomunicados porque la mayoría de los teléfonos celulares quedaron en los trenes. Pero después del accidente de Adamuz, el miedo volvió a atravesar a todo un país. Madres, hermanos y amigos llamaron a sus seres queridos para comprobar que estuvieran a salvo.
Una campaña en suspenso
A exactamente un mes de las elecciones nacionales, la campaña quedó suspendida por el choque de trenes. Los principales partidos políticos cancelaron los actos públicos previstos y cerraron su agenda por el resto de la semana. Vox fue el único que decidió mantener sus actividades a pesar de la tragedia.
Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, pidió explicaciones sobre lo ocurrido. “España tiene derecho a saber qué está pasando con sus infraestructuras, en qué estado se encuentran las vías y los sistemas de seguridad, y qué advertencias se recibieron desde Adamuz y qué medidas se adoptaron. Los españoles tienen derecho a una revisión completa e independiente de toda la red ferroviaria. Ya es inaplazable”, dijo el favorito en todas las encuestas para convertirse en el próximo presidente de España.
Santiago Abascal, líder de Vox, apuntó esta tarde desde un acto en Valladolid contra Pedro Sánchez: “Nosotros estamos de duelo, como el resto de los españoles, y nosotros manifestamos nuestro pésame como la inmensa mayoría de la buena gente de España, pero también tenemos el deber de manifestar nuestra rabia y nuestro hartazgo ante una banda criminal que lo ha destruido todo”.
En esa línea, Vox presentó esta tarde una querella criminal contra los titulares de ADIF, la entidad pública administradora de la infraestructura ferroviaria, y también contra el controlador que estaba a cargo de manejar el tramo ferroviario donde ocurrió el accidente. Desde la ultraderecha, además, convocaron a una marcha para manifestarse esta noche frente a la sede nacional del PSOE.

