Argentina es mágica: acá la gravedad económica no existe, pero la gravedad del delito sí. Y ahí lo tenés a Faroni, empresario, amigo del poder, coleccionista de avión privado y —aparentemente— experto en tiro al blanco con celulares comprometidos.
El tipo fue interceptado por la Policía en Aeroparque y, en un acto digno de comedia criolla, decidió descartar su teléfono como si fuera una papa caliente, o peor: como si adentro tuviera la lista de quiénes realmente mandan en la AFA.
Si lo mirás bien, la escena es casi poética:
—Señor Faroni, ¿tiene algo que declarar?
—Sí, oficial, que mis manos no tienen memoria (y ¡zás! celular al tacho).
Ahí entendés todo:
en este país nadie suelta el poder, pero sí suelta el celular cuando hay causas judiciales dando vueltas.
Lo mejor es que nos quieren hacer creer que fue un reflejo involuntario. Dale, hermano.
Ni Messi suelta la pelota con esa velocidad.
Eso no fue reflejo: fue pánico puro, versión “si no lo ven, no existió”.
Un manual de supervivencia para empresarios cercanos a la billetera del fútbol.
¿Y qué contenía ese teléfono?
Mensajes, audios, llamadas, contactos, digitaciones, favores, contratos, y probablemente un sticker de un duende con traje diciendo «cuando cobro AFA».
Pero ahora ya no importa: está más perdido que el federalismo en el AMBA.
Mientras tanto, el argentino promedio, que apenas junta monedas para el bondi, mira al cielo y piensa:
Che, ¿y si yo también empiezo a tirar cosas cuando me descubren?
Claro, probalo vos con tu tarjeta SUBE y vas a ver cómo terminás:
—Faroni: avión privado, abogados al instante.
—Vos: colectivo 60 y un inspector haciéndote sentir Pablo Escobar del transporte.
Lo de Faroni no es un episodio:
es el tráiler de la película “AFA: Amor, Fraude y Aeropuertos”
Protagonizada por empresarios que huyen, dirigentes que firman con tinta invisible
y un país entero que mira la pantalla comiendo pochoclos, porque ya ni indignarse tiene sentido.
El celular voló.
Faroni no.
Y mientras el caso avanza, nosotros seguimos con la misma pregunta de siempre:
¿Cuándo va a caer alguien que no sea el teléfono?

