El anuncio conjunto entre Argentina y Estados Unidos sacudió el tablero de la minería nacional. En el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York, el canciller argentino Pablo Quirno y el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau presentaron el Corredor Andes-Atlántico, un esquema de cooperación que promete financiamiento por hasta 7.000 millones de dólares hasta 2027, destinado a infraestructura, energía, transporte y minerales críticos.
La iniciativa busca conectar las principales zonas productivas del país —desde los yacimientos del NOA hasta la cuenca energética de Vaca Muerta— con los puertos del océano Atlántico, reduciendo así la dependencia del transporte carretero, que hoy concentra más del 85% del movimiento de carga minera en el país. Entre las obras que se mencionan figuran la reactivación de las líneas ferroviarias Belgrano, San Martín y Urquiza, mejoras en la Hidrovía y refuerzos en el tendido eléctrico y gasífero.
Para San Juan, la noticia reaviva una pregunta que la provincia arrastra hace años: cómo y por dónde sacar su cobre hacia el mundo. La franja cuprífera que atraviesa la cordillera —con proyectos como Los Azules, Josemaría, Filo del Sol y El Pachón— aparece marcada dentro del mapa estratégico del corredor, lo que podría traducirse en menores costos logísticos y mejores condiciones para exportar la producción.
Sin embargo, no todas las miradas coinciden en que el Atlántico deba ser la única salida. El analista Fernando Ocampo planteó una advertencia que empieza a tomar fuerza en el debate provincial: no hay que descuidar la alternativa hacia el Pacífico. Según explicó, la extracción minera sanjuanina también puede canalizarse a través del Túnel de Agua Negra, un paso que conecta directamente con Chile y sus puertos.
«Me parece fantástico que haya un corredor, que tengamos transporte y trenes, pero la extracción también puede salir por el Túnel de Agua Negra. No hay que olvidar esa parte», sostuvo Ocampo, quien remarcó que en el anuncio se habló del Andes-Atlántico, pero que la discusión pendiente es también sobre un eventual Andes-Pacífico.
Para el especialista, este momento excede lo estrictamente comercial: los minerales críticos dejan de pensarse solo como un recurso económico y empiezan a funcionar como una pieza de política exterior, en un contexto donde Estados Unidos busca asegurarse el acceso a insumos estratégicos frente a la competencia de otras potencias.
Mientras el debate sigue abierto, el cobre sanjuanino continúa bajo la cordillera. Lo que todavía está por definirse es el camino —tanto en términos de infraestructura como de estrategia— que va a determinar su llegada a los mercados internacionales: si por el Atlántico, por el Pacífico, o por una combinación de ambos.

