La derrota ante Noruega, este domingo, en los octavos de final de la Copa del Mundo prolonga una sequía que ya lleva 24 años. Desde el Mundial de 2002, Brasil no logra eliminar a una selección europea en la competencia y esta vez no fue la excepción. El revés pone fin de manera melancólica a un ciclo marcado por récords negativos. Desde la derrota por penales frente a Croacia, en diciembre de 2022, la selección brasileña entró en una espiral de decisiones equivocadas, sucesivos cambios de entrenador, papelones dentro del campo y crisis institucionales.
Las cifras reflejan este período. Desde el interino Ramon Menezes hasta el actual Carlo Ancelotti, cuatro entrenadores pasaron por el cargo. Con tantos cambios, el trabajo nunca siguió una línea de continuidad. Y fueron muchos los jugadores que tuvieron oportunidades. En total, fueron convocados 96 futbolistas.
Algunos ni siquiera llegaron a jugar. Llama la atención que, de los 26 convocados para el Mundial, seis habían sido citados en apenas tres convocatorias o menos, lo que representa casi un tercio de la lista definitiva. Ellos fueron: el defensor Léo Pereira, los mediocampistas Fabinho y Danilo Santos, los delanteros Igor Thiago y Rayan, además de Neymar.
La ausencia del número 10 durante gran parte del ciclo es otro factor de peso. La selección pasó más de dos años sin quien había sido su principal figura durante más de una década. Las numerosas lesiones y una evidente pérdida de disposición para afrontar las exigencias de un deportista de élite alejaron a Neymar de la «Canarinha» hasta que su nombre volvió a aparecer en la convocatoria para la Copa del Mundo. Cuando regresó a jugar, en el último partido de la fase de grupos, Neymar ya no era el mismo de antes de ese largo paréntesis. A los 34 años, disputó probablemente su último Mundial como apenas una sombra del jugador que alguna vez fue.
Aunque las convocatorias fueron numerosas, no alcanzaron para resolver las carencias crónicas que mostró la selección: la falta de laterales (a pesar del impresionante número de 21 convocados después de 2022), de mediocampistas creativos y de delanteros centro. Son búsquedas que Ancelotti deberá continuar en este nuevo ciclo.
La continuidad del entrenador, cuyo contrato ya fue renovado hasta 2030, es el principal motivo de esperanza para los próximos años. Aunque el camino estuvo lleno de dificultades —algo normal debido al escaso tiempo para preparar al equipo para el Mundial—, fue con el italiano cuando la selección estuvo más cerca de consolidar una identidad futbolística.
Bajo su conducción, incluso, el equipo alcanzó su mejor rendimiento del ciclo. Registró un 64,7 % de eficacia en 17 partidos, porcentaje superior al 58,3 % conseguido por Dorival Júnior en la misma cantidad de encuentros y muy por encima del 38,9 % de Fernando Diniz y del 33,3 % de Ramon Menezes.
El rendimiento muy inferior de los dos primeros entrenadores del ciclo, que dirigieron de manera interina, ayuda a explicar lo que fue el 2023 de la selección: un año perdido. Brasil volvió a terminar una temporada con más derrotas (cinco) que victorias (tres) por primera vez en seis décadas, algo que no ocurría desde 1963. En las Eliminatorias perdió tres partidos consecutivos por primera vez en su historia, sufrió una derrota inédita ante Colombia en el certamen y también vio caer su histórico invicto como local al perder 1-0 frente a Argentina en el Maracaná.
Detrás de ese caos estuvo la demora del entonces presidente de la CBF, Ednaldo Rodrigues, para definir al sucesor de Tite y, posteriormente, la decisión de esperar el final del contrato de Carlo Ancelotti con el Real Madrid. Tras meses de indefiniciones y con el entrenador negando públicamente un acuerdo que en los pasillos de la Confederación se daba por hecho, el golpe definitivo llegó a finales de 2023 con el anuncio de la renovación de su contrato con el club español. En ese momento, la selección volvió a empezar desde cero.
La política interna de la CBF, por otra parte, no puede separarse del rendimiento de la «Canarinha» durante este ciclo. Rodeado de adversarios entre los vicepresidentes de la entidad, Ednaldo se convirtió en un presidente desconfiado incluso de su propia sombra y concentró todas las decisiones. Las denuncias sobre escuchas clandestinas y acoso laboral se hicieron frecuentes dentro de la Confederación. La selección no logró mantenerse al margen de esa crisis.
Tras numerosos intentos, los adversarios de Ednaldo consiguieron desplazarlo del poder por la vía judicial en mayo de 2025, justamente después de que finalmente hubiera concretado la contratación de Ancelotti. La llegada del entrenador italiano se produjo al día siguiente de la elección y asunción del nuevo presidente, Samir Xaud.
Y el comienzo del Mundial estuvo marcado por nuevos capítulos de la disputa en los despachos. Sin haber sido nunca un dirigente tradicional —algo que inicialmente era visto como una virtud—, Xaud ya acumula desgastes dentro de la cúpula de la CBF y, en consecuencia, también enemigos. En plena Copa comenzaron a filtrarse historias sobre relaciones extramatrimoniales y utilización de fondos de la entidad para fines personales, una muestra de que la política seguirá siendo un elemento determinante en este nuevo ciclo. Al menos, esta vez la selección consiguió mantenerse más protegida de esas turbulencias.
Si esa protección se mantiene, la nueva generación de jóvenes como Endrick, Estêvão y Rayan —liderados por un Vinícius Júnior que finalmente se consolidó como referente dentro del campo— tiene todo para convertirse en una selección más fuerte con vistas al ciclo rumbo al Mundial de 2030. El primer paso se dará en septiembre, durante la próxima fecha FIFA. Brasil ya tiene confirmados dos partidos amistosos frente a Australia.

