Dice Gabriel Rolón que después de una separación hay que evitar tomar decisiones importantes cuando uno está en plena euforia o sumergido en la melancolía.
O sea: no le escribas a tu ex a las 2:37 de la mañana. Porque a esa hora no extrañás a tu ex. Extrañás la costumbre, el abrazo, el perro, Netflix, el delivery compartido y hasta las discusiones sobre quién dejó la luz prendida.
Y ahí aparece el clásico mensaje, “Hola… ¿cómo estás?”
“Estoy emocionalmente destruido/a, son las dos de la mañana, tomé dos copas de vino y necesito comprobar si todavía me desbloqueaste.”
Rolón también habla de su famosa “teoría de la camisa negra”; uno entra a buscar algo determinado y termina llevándose cualquier cosa porque el vendedor insiste. Con los ex pasa algo parecido, uno dice “Esta relación terminó.”
Y cinco minutos después:
“Bueno… quizás podríamos hablar.”
Después:
“Podríamos vernos.”
Después:
“Solamente para cerrar heridas.”
Y dos semanas más tarde:
“¿Por qué siempre hacemos lo mismo?”
¡PORQUE VOLVISTE!
La clave sería aprender a distinguir entre extrañar a una persona y extrañar la vida que tenías cuando esa persona estaba ahí, una cosa es querer volver, otra muy distinta es querer volver porque viste una foto vieja, escuchaste “esa canción” y de repente tu cerebro decidió que tu ex era el amor de tu vida y no el individuo que te hacía discutir hasta por cómo se acomodaban las cucharitas.
Así que, si terminaste una relación, tomá aire, no mandes mensajes, no llames, no aparezcas “casualmente” por el bar donde sabés que va, y sobre todo, no confundas nostalgia con destino. Esperá, dormí, comé algo, hablá con tus amigos, y si después de todo eso seguís pensando que querés volver, bueno, ahí ya sí necesitás a Rolón. O, directamente, que alguien te saque el celular.

