Si alguna vez la AFA decide abrir una escuela de pensamiento político, Claudio “Chiqui” Tapia debería dar la cátedra principal: Resistencia Creativa I. Porque mientras otros se esconden abajo de la cama cuando huelen a expediente, Tapia hace exactamente lo contrario: se sienta más fuerte en el sillón, sonríe, y pide otra foto institucional.
El “plan de resistencia” del presidente de la AFA no tiene nada que envidiarle a una saga de Netflix. Tiene intriga, enemigos invisibles, aliados de ocasión, escenarios internacionales y, sobre todo, una convicción inquebrantable: no soltar el poder ni aunque venga la FIFA, la Justicia y Doña Rosa con una antorcha.

