Se acerca fin de año y con él la gran pregunta que separa a tu cuñado sabiondo del resto de la humanidad:
¿Champagne o espumante? Spoiler: no es lo mismo, aunque muchos actúan como si fueran primos idénticos.
Primero lo primero: El espumante es todo vino con burbujas naturales —esas que hacen “psss” y celebran que llegaste al postre sin discutir por política con tu vecino—.
El Champagne es como el aristócrata del grupo: solo puede llamarse así si viene del pueblito muy exclusivo de Champagne en Francia. Si viene de otro lado, aunque burbujee igual, no tiene derecho a usar el apellido elegante.
Así que cuando tu tía levanta su copa y dice “brindemos con champagne”, pero en realidad tiene un espumante argentino de góndola…
Técnicamente estás brindando con un impostor de etiqueta festiva internacional.

