El Tribunal Oral Federal N.º 4 condenó a cinco años de prisión al exministro Julio De Vido y al exsecretario de Obras Públicas José López por administración fraudulenta.
La causa tardó tanto que, durante el recorrido, cambiaron presidentes, ministros, fiscales, jueces, celulares, redes sociales y hasta la forma de archivar expedientes. Lo único que nunca perdió la costumbre fue la paciencia obligatoria de los ciudadanos.
El caso nació cuando se investigaron presuntas maniobras irregulares vinculadas con la ampliación de gasoductos y supuestos pagos ilegales. Desde entonces, el expediente acumuló años, cuerpos y expectativas hasta convertirse en una especie de pieza de museo judicial.
La condena representa un cierre para una causa emblemática, aunque también vuelve a abrir una pregunta conocida: ¿puede hablarse de justicia o simplemente de una justicia que llegó con un retraso monumental?
En Argentina, las causas por corrupción parecen correr una maratón donde la meta siempre está varios gobiernos más adelante. Cuando finalmente aparece una sentencia, el impacto ya no solo depende del fallo, sino también del calendario.
Porque si algo dejó claro Skanska es que algunos expedientes envejecen mejor que el vino… pero bastante peor que la confianza pública.

