Mientras la producción de leche crece y las exportaciones alcanzan niveles que no se veían desde hace más de una década, los tambos argentinos también están cambiando de tamaño. Cada vez una mayor porción de la leche sale de establecimientos grandes y cada vez menos de los más chicos.
Actualmente, casi tres de cada diez litros que se producen en el país provienen de tambos que superan los 10.000 litros diarios. En 2010, ese grupo explicaba apenas el 5% de la producción nacional. En el otro extremo, los establecimientos que producen menos de 2000 litros por día perdieron 11 puntos porcentuales de participación en esos mismos años y hoy representan entre un 17 y un 18%.
Los datos forman parte de un informe elaborado por Matías Contardi y Julio Calzada, de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analizó cómo evolucionó la estructura productiva de la lechería argentina. Según los autores, el crecimiento de los establecimientos más grandes fue acompañado por una pérdida de peso relativo de los tambos de menor escala.
“La correlación entre productividad de las cuencas del centro y número de establecimientos es parte de una dinámica estructural del sector que ya lleva varios años: la tendencia a la concentración productiva en tambos de mayor escala”, señalaron.
Para Jorge Giraudo, director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), se trata de una tendencia que se repite en gran parte del mundo. Según recordó, de acuerdo con el World Dairy Situation de la Federación Internacional de Lechería, cada año desaparece alrededor del 4% de los tambos a nivel global. En la Argentina la tasa ronda el 2,5%. “Venimos observando un fenómeno que no es exclusivamente local, sino internacional, que es la concentración en unidades productivas de mayor tamaño”, explicó.
Según el especialista, los cierres no se concentran necesariamente en los establecimientos más chicos. “Ese cese de actividad normalmente se da en los tambos no tan chicos, sino los medianos, es decir, aquellos que no logran dar el paso tecnológico o sucesorio familiar que necesitan”, señaló. Los tambos familiares más pequeños suelen sostenerse con otra lógica económica y productiva.
La mayor escala vino acompañada de más tecnología, mejores sistemas de alimentación, avances en bienestar animal, ordeños más automatizados y una gestión cada vez más profesionalizada. “Los tambos que han incursionado en este proceso empezaron a crecer con fuerza de la mano de la incorporación de tecnología de insumos y de procesos”, indicó. A eso ahora se suma una nueva etapa. Según Giraudo, la inteligencia artificial y el análisis de datos empiezan a ganar lugar en los establecimientos más grandes, aportando herramientas para mejorar decisiones productivas y eficiencia.
De acuerdo con el especialista, en 2010 los establecimientos que producían más de 10.000 litros diarios representaban apenas el 1% de los tambos y generaban el 5% de la leche del país. Actualmente ya superan el 5% de los establecimientos y producen cerca del 30% del total.
Giraudo agregó que la tendencia seguirá profundizándose. “Vamos a tener cada vez menos tambos, tal vez con la misma cantidad de vacas en producción, pero produciendo mucho más leche”, afirmó. Según explicó, mientras el promedio nacional ronda actualmente los 22 litros por vaca por día, muchos de estos establecimientos de gran escala se ubican entre los 30 y 35 litros diarios. Y si el fenómeno Niño no golpea con fuerza hacia fin de año, proyecta que Argentina podría cerrar 2026 con un récord por encima de los 12.000 millones de litros, similar al de 2015, pero con varios cientos de tambos menos.
El consultor José Quintana coincidió en que la concentración responde a una tendencia global, aunque remarcó que en la Argentina avanza más lentamente que en otros países. A su juicio, uno de los factores centrales es el acceso al financiamiento. “Las ventajas competitivas que da la escala y la posibilidad de acceder a determinadas tecnologías explican buena parte de este proceso”, sostuvo.
Según explicó, las empresas más grandes suelen tener más facilidad para financiar inversiones, mientras que muchos establecimientos medianos encuentran más dificultades para crecer. “En la medida que no haya crédito para que las empresas medianas puedan dar un salto tecnológico, el que se pueda financiar con fondos propios va a seguir sacando ventaja”, agregó.
Además, señaló que los tambos de mayor tamaño suelen conseguir mejores condiciones comerciales por cuestiones vinculadas con el volumen entregado y la logística.
Todo esto ocurre en un momento favorable para la actividad. Según la Secretaría de Agricultura, entre enero y abril la producción nacional alcanzó los 3500 millones de litros, el volumen más alto para una serie comparable que comienza en 2015 y un 9,3% superior al promedio de la última década para el mismo período.
La productividad también mejoró. De acuerdo con la BCR, cada tambo produjo en promedio 3287 litros diarios durante los primeros meses del año, un 27% más que el promedio de los últimos cinco años.
Actualmente existen 8813 tambos registrados en el país y más de 1,55 millones de vacas lecheras. El establecimiento promedio cuenta con 177 vacas y produce alrededor de 3350 litros diarios.
El buen desempeño productivo también tuvo su correlato en el comercio exterior. Hasta abril, las exportaciones del complejo lácteo alcanzaron las 130.000 toneladas, el volumen más alto desde 2012, con la leche en polvo como principal producto, explicando más de un tercio del total. Brasil se mantuvo como el principal destino, con compras superiores a las 60.000 toneladas, un 40% más que en igual período del año pasado. Argelia, Chile y China completan el podio de compradores, aunque el gigante asiático es la excepción en el cuadro: viene comprando un 35% menos que durante el mismo período de 2025. En valor, las exportaciones sumaron US$455 millones FOB, el nivel más alto desde 2014.

