Mientras vos capaz estabas dudando entre pedir milanesa o pizza, Eduardo Cabello ya tenía resuelto el menú del poder, asado para treinta gremios y postre de reelección. La ecuación es simple; si querés ganar una elección sindical, no alcanza con discursos, hace falta grasa de vaca y buena junta de invitados.
A tres semanas de los comicios del 25 de agosto, el secretario general convocó a la mesa a más gente que un chocolate del dia del niño, la consigna no dicha pero clarísima: «El que come conmigo, vota conmigo.» , y todos comieron.
La lista de asistentes parecía el padrón electoral leído en voz alta por un rematador: UPCN, Comercio, UTA, UDA, UTHGRA, AOMA, Estaciones de Servicio, ANSES… y así, treinta y pico de siglas que ni el corrector de Word se anima a subrayar en rojo. Si alguien tenía dudas sobre quién manda en la CGT, ese asado fue el censo definitivo.
Mientras tanto, la Intersindical San Juan (la incómoda del grupo de WhatsApp familiar) seguía cuestionando la conducción desde afuera, mirando el asado por la ventana y puteando porque no los invitaron, pero tampoco iban a ir.
Los ausentes, eso sí, dieron cátedra de comunicación no verbal. Bancarios, Ladrilleros, SATSAID y toda su troupe brillaron por su ausencia. Pero el golazo de la jornada fue que la UOM, dueña de la sede, ni apareció en su propia casa. Es como invitar gente a tu cumpleaños y vos quedarte durmiendo la siesta.
Y no todos podían estar en la mesa, gracias al estatuto vigente, que redujo el universo electoral solo a gremios confederados, la lista de comensales con derecho a voto quedó más filtrada que perfil de Tinder curado por la propia conducción. Casualidad, dicen. Uh, casualidad.
Entre bife y bife, ya se empezaron a repartir los cargos de la futura conducción, porque para eso también sirve un asado, es la versión gremial del «quién se queda con el sillón» antes de que se termine de comer.
La CGT nacional mandará veedores para supervisar la elección del 25 de agosto, que de paso aprovecharán para reunirse con el sector empresarial. Porque nada dice democracia sindical como que los empresarios también quieran opinar sobre quién les va a reclamar el aumento el mes que viene, como un circulo total, pedir que el zorro cuide el gallinero, pero con corbata.

