La Casa de los Secretos de Trent Park hace honor a su nombre. Si bien el exterior y las habitaciones de esta elegante casa en el norte de Londres reflejan el gusto refinado del gran anfitrión y esteta Sir Philip Sassoon, quienes se aventuren al sótano descubrirán una historia poco conocida de espionaje e intriga durante la Segunda Guerra Mundial.
Hace poco, Trent Park abrió sus puertas al público por primera vez como museo, rindiendo homenaje a su crucial papel durante la guerra. Allí, un equipo de espías, muchos de ellos refugiados judíos alemanes, interceptaban las conversaciones de prisioneros de guerra alemanes de alto rango recluidos en la casa.
Los generales nazis ignoraban que sus conversaciones estaban siendo grabadas. Confiados en su seguridad, filtraron información vital que cambió el curso de la guerra.
Exquisitamente lujosa
El político y coleccionista de arte Sir Philip Sassoon heredó Trent Park en 1912, y en la década de 1920 se dedicó a remodelar por completo el exterior y el interior al estilo neogeorgiano, que por aquel entonces estaba muy de moda.
“Creó una arquitectura muy elegante, serena y discreta, y los interiores son muy similares: despejados, muy espaciosos, con una pequeña selección de antigüedades fabulosamente bellas y valiosas”, le cuenta Simon Thurley, asesor principal de Trent Park, a la BBC.
Exquisitos papeles pintados chinos y retratos familiares de Philip de László y John Singer Sargent adornan las paredes. Los interiores de la planta baja de esta elegante casa han sido recreados meticulosamente.
“Al entrar en la planta baja, la gente siente que retrocede en el tiempo al mundo de Sassoon”, afirma el director del museo, Giuseppe Albano, “pero claro, después bajan al sótano”.
Cables camuflados
Sir Philip falleció en junio de 1939, y cuando estalló la guerra en septiembre, la casa fue tomada por el gobierno británico para uso oficial.
Thomas Kendrick, uno de los jefes de espionaje de mayor rango del Servicio Secreto Británico, la había identificado como el lugar perfecto para un Centro de Interrogatorios Detallados de los Servicios Combinados (CSDIC).
Aunque Kendrick ya había experimentado con la interceptación de comunicaciones de prisioneros de guerra en la Torre de Londres, se dio cuenta de que los centros de detención de prisioneros debían estar ubicados en lugares más discretos y lo suficientemente alejados del centro de Londres para evitar el riesgo de ser bombardeados.
Trent Park y sus centros asociados en Latimer House y Wilton Park también proporcionaron el espacio necesario para que Kendrick ampliara su operación y obtuviera el tipo de información que buscaba a partir de las conversaciones privadas de los prisioneros. Y vaya si lo hizo.
“Toda la mansión y el establo estaban equipados con micrófonos”, le explica a la BBC la historiadora Helen Fry, autora de “Las paredes tienen oídos”. Los micrófonos estaban ocultos en todo, desde macetas y lámparas hasta la mesa de billar e incluso en los árboles de los jardines.
Cables ocultos que discurrían tras los paneles y bajo el suelo los conectaban con las habitaciones con micrófonos, conocidas como habitaciones “M”, en el sótano, que han sido recreadas por el museo, donde los oyentes secretos, al principio británicos que sabían hablar alemán, escuchaban a escondidas día y noche.
Trent Park se convertiría en el principal centro de detención para oficiales alemanes de alto rango, muchos de ellos de clase alta o aristócratas, cuyo convencimiento de que merecían un trato privilegiado parece haberlos convertido en presas sorprendentemente fáciles para los planes de Kendrick.
Aunque los familiares se llevaron las valiosas antigüedades de Sassoon y fueron reemplazadas por muebles gubernamentales algo más utilitarios, la casa seguía siendo una prisión de gran lujo, diseñada para que bajaran la guardia.
Cada general tenía su propio ayuda de cámara militar, capturado junto con ellos; había una biblioteca, oficiales británicos impartían clases de inglés e incluso se organizaban algunas excursiones a la ciudad.
Un falso caballero
Los oficiales nazis prisioneros contaban incluso con su propio funcionario de bienestar, el ficticio aristócrata escocés Lord Aberfeldy, papel interpretado por un joven oficial de interrogatorios.
El lord imaginario había sido bautizado con el nombre de una destilería de whisky, comenta Fry entre risas.
Aberfeldy supuestamente sentía una admiración secreta por Hitler y visitaba a los prisioneros para sonsacarles confidencias, que, por supuesto, serían captadas por quienes escuchaban en el sótano.
Aunque todos los oficiales alemanes fueron advertidos de que, si eran capturados, podrían ser espiados, sorprendentemente los generales parecían creer que eso no estaba ocurriendo en Trent Park.
“Hay una conversación grabada increíble entre dos de los generales donde dicen: ‘Pues nos advirtieron, pero claramente no nos están espiando. Nos daríamos cuenta si lo hicieran’”, ríe Thurley.
“Si les halagabas el ego y alimentabas la elevada opinión que tenían de sí mismos, dejaban de pensar lógicamente”, dice Fry.
Aunque se recibía un flujo constante de información, a medida que avanzaba la guerra se hizo evidente que a los oyentes británicos, con su conocimiento puramente académico del alemán, les resultaba difícil captar la jerga y el argot.
Por eso, se decidió reclutar refugiados judíos de habla alemana procedentes de Alemania, Austria y Checoslovaquia.
El oyente secreto
Uno de esos reclutas fue Ernst Lederer, abuelo de la comediante y actriz Helen Lederer, quien había escapado de Checoslovaquia en uno de los últimos trenes que salieron en 1939.
Como todos los espías, había firmado la Ley de Secretos Oficiales y se llevó consigo a la tumba su trabajo durante la guerra.
“Su esposa creía que estaba en la Guardia Nacional, pero en realidad iba a hacer largos turnos en Trent Park”, le cuenta a la BBC su nieta, que ahora trabaja en un guion cinematográfico sobre los sucesos que tuvieron lugar allí.
“No supimos a qué se dedicaba hasta que, por casualidad, hice un documental llamado ‘Héroe de guerra en mi familia’ para Channel 5”. La serie seguía a famosos que descubrían los registros secretos de guerra de sus padres y abuelos.
“Un detalle curioso es que mi madre inglesa, a los 21 años, había sido reclutada para trabajar en Bletchley Park”, cuenta Lederer. “Ella salía de excursión con Ernst Lederer y ninguno de los dos sabía lo que el otro había hecho”.
De hecho, ninguno de los espías secretos habría sabido de la existencia del centro de descifrado de códigos de Bletchley Park, aunque sus oficiales sí lo sabían, y la información se compartió entre ambos centros durante toda la guerra.
Cuando en 1941 se escuchó en Trent Park una conversación que hacía referencia a un sistema de señales de navegación por radio llamado Knickebein (Pierna Torcida), que le permitía a los bombarderos nocturnos apuntar con precisión a las fábricas de municiones británicas, la información fue corroborada por los criptógrafos de Bletchley Park, quienes pudieron proporcionarle a la Inteligencia aérea la información necesaria para interferir las señales.
La información más crucial que surgió de Trent Park fue, sin duda, la relativa al programa secreto alemán de armas V, que implicaba el desarrollo de unas armas de represalia (Vergeltungswaffen) terriblemente poderosas, diseñadas para ser desplegadas contra ciudades aliadas como Londres.
Una conversación escuchada al azar sobre un cohete que podía lanzarse a 15 km de altura y otra que revelaba la existencia del cohete V2, el primer misil balístico de largo alcance del mundo con un alcance de 300 km, condujeron finalmente al bombardeo de la principal instalación alemana de investigación y pruebas de cohetes y misiles en Peenemünde, en la costa báltica, en agosto de 1943.
Como señala Fry en su libro, el impacto del ataque es incalculable. Retrasó el lanzamiento del primer cohete V1 sobre Londres hasta el 13 de junio de 1944, una semana después del desembarco de Normandía. Si los V1 se hubieran lanzado antes, es muy probable que el Día D, el principio del fin de la guerra, no hubiera tenido lugar.
El primer cohete V2 no cayó sobre Londres hasta el 8 de septiembre de 1944.
Atrocidades nazis
El equipo de Trent Park también obtuvo información sobre la magnitud de las atrocidades que Hitler estaba cometiendo, información que no era ampliamente conocida en aquel entonces, según Albano.
Eso debió ser extraordinariamente traumático para oyentes judíos como Eric Mark, cuyos padres murieron en las cámaras de gas de Treblinka en 1943.
Mark, quien falleció en 2020, recordaba haber oído a los alemanes alardear de sus crímenes. “Decían cosas como: ‘He matado a unos 1.500’”.
Sin embargo, esta información nunca se utilizó en los tribunales de crímenes de guerra, ya que habría implicado revelar cómo se obtuvo.
“El gobierno británico de la época no quería que las tácticas, la tecnología ni la audacia de la operación se hicieran públicas, sobre todo ante la inminente amenaza de la Guerra Fría contra la URRS”, explica Albano.
El hecho de que quienes confesaron atrocidades escaparan a la justicia es difícil de aceptar. Pero en aquel entonces, el gobierno británico estaba seriamente preocupado por la magnitud de la amenaza soviética, principalmente debido a las conversaciones interceptadas en Trent Park, que no dejó de utilizarse como centro de espionaje hasta noviembre de 1945.
“Trent Park y esos dos centros similares nos prepararon para la Guerra Fría de maneras que nadie ha percibido, o que nadie ha comprendido del todo todavía”, afirma Fry. “Su legado es incalculable y apenas estamos empezando a entenderlo”.

