En un país donde la realidad supera al guion de cualquier serie, Wanda Nara decidió lanzar un curso de empoderamiento femenino y emprendedurismo. La propuesta promete enseñar a las mujeres a creer en sí mismas, crear empresas y construir una identidad propia. Hasta ahí, todo muy LinkedIn con filtro de Instagram.
Pero entonces apareció Ángel de Brito, que cuando huele polémica entra como si fuera un perro policía buscando explosivos. Al enterarse del lanzamiento, primero largó un «Qué bien lo de Wanda», con un sarcasmo tan evidente que casi necesitaba subtítulos.
Y después directamente apretó el botón nuclear:
«Wanda es una ladrona, una chorra.»
Sin introducción. Sin anestesia. Sin pasar por la diplomacia. Fue como entrar a una reunión de vecinos y arrancar tirando una granada verbal sobre la mesa.
Mientras Wanda vende cursos para aprender a emprender, las redes ya estaban haciendo un máster en memes. Algunos preguntaban cuánto costaba la inscripción; otros querían saber si el certificado venía firmado o si había que revisarlo antes de guardarlo en la billetera.
La farándula argentina sigue demostrando que Netflix pierde por goleada. Acá no hacen falta guionistas: hay panelistas, abogados, influencers, capturas de pantalla y un ejército de usuarios dispuesto a convertir cualquier frase en tendencia nacional en menos de diez minutos.
Moraleja: si querés lanzar un producto en Argentina, no pagues publicidad. Esperá a que Ángel de Brito lo destroce en vivo. La difusión está garantizada… aunque la paz mental, definitivamente, no.

