La derrota por la mínima sufrida por Lanús frente a Boca Juniors en el marco de la séptima jornada del Torneo Clausura 2026 dejó secuelas profundas e inmediatas en el mundo granate, especialmente por una acción puntual que sacudió el desarrollo en el amanecer del cotejo. Sobre los doce minutos de la etapa inicial, el mediocampista Leonel Flores protagonizó un durísimo planchazo a la altura del gemelo sobre Sasha Marcich en su intento por recuperar la pelota en territorio adversario. Ante los reclamos generalizados del banco visitante, el árbitro principal Pablo Dóvalo resolvió castigar la infracción únicamente con tarjeta amarilla, una decisión que tampoco fue enmendada por el sistema de videoarbitraje comandado en esta ocasión por Germán Delfino.
Lejos de esquivar el bulto, Nicolás Russo se plantó con extrema dureza ante los micrófonos y expuso su malestar sin filtros, volcando su bronca principal hacia la cabina tecnológica. «La jugada está clarita, para mí no es error del árbitro en la cancha, pero el VAR lo tiene que llamar. Es una jugada de expulsión clara, no una jugada dudosa», disparó el presidente granate con evidente indignación, dejando en claro que la revisión debió haber cambiado drásticamente el transcurso del duelo disputado en el Alberto J. Armando.
El malestar dirigencial no se limitó al análisis exclusivo de los noventa minutos, sino que sacó a la luz diferencias de vieja data con los encargados de impartir justicia. Russo reveló que ya había manifestado en privado su descontento con el juez designado para la asistencia tecnológica, advirtiendo que su presencia suele dejar saldo negativo para los intereses de su institución. «Cada vez que nos dirige tenemos inconvenientes. Se lo dije a Beligoy hace tiempo y no me dieron pelota, por eso hoy lo digo en público», sentenció el directivo con absoluta franqueza, marcando un quiebre en su relación con el manejo arbitral del fútbol argentino.
En la misma sintonía de incredulidad se expresó el entrenador Mauricio Pellegrino, quien profundizó en la gravedad de la patada y lamentó la nula intervención de los dispositivos de control. «Es una jugada muy clara, con la pierna a la altura del gemelo, casi rodilla. Con el línea al lado, el VAR, cámaras…», expresó el director técnico con tono apesadumbrado, agregando que «ni siquiera consultarla la verdad que es triste. No puedo decir otra cosa. Pero bueno, mucho más no puedo decir. Los jugadores nos preguntan por qué y es una jugada clarísima», reflejando la desorientación que imperaba en el vestuario visitante ante semejante fallo.
Pese a la tormenta desatada por el arbitraje y a un contexto futbolístico delicado que acumula cinco caídas en los últimos siete compromisos, el mandamás del sur bonaerense optó por bajar los decibeles en cuanto a la continuidad del proyecto deportivo, llamando a la mesura interna. «Es el mismo plantel y cuerpo técnico que salió campeón; es un mal momento, y hay que saber llevarlo. Pero no hay que volverse loco», concluyó Russo, intentando equilibrar la autocrítica necesaria con el respaldo institucional hacia los protagonistas dentro de la cancha.

