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Esto es lo que deberíamos aprender del secreto de la felicidad nórdica y su modelo económico

Última actualización: 8 de julio de 2026 2:16 pm
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8 de julio de 202611:5714‘minutos de lectura

OSLO.- ¿Sabes cómo conseguir que una empresa estadounidense te ofrezca un sueldo excelente y prestaciones increíbles, incluso para un puesto de nivel principiante?

Múdate a Noruega y acepta el trabajo allí.

Los obreros de la construcción, las camareras de hotel, los empleados de las estaciones de servicio y los cajeros de tiendas suelen ganar más de 20 dólares la hora, además de bonificaciones por trabajar por la noche o los fines de semana, unas cinco semanas de vacaciones pagadas al año, una pensión, licencias de maternidad y paternidad que suman un año en total y días libres remunerados cuando un hijo está enfermo. Incluso puedes recibir días libres pagados si te mudas a una nueva vivienda.

Esas son, en términos generales, las condiciones que ofrecen tanto las empresas noruegas como las extranjeras, incluidas tiendas como 7-Eleven, los restaurantes Burger King y gasolineras afiliadas a ExxonMobil. Lo que nos lleva a preguntarnos: si las empresas estadounidenses y otras multinacionales pueden ofrecer condiciones tan generosas para trabajos en el sector minorista en Noruega, ¿podrían hacerlo también en nuestro país?

Ya llegaremos a eso, pero lo que vemos aquí es el resultado del modelo social y económico nórdico, que busca reducir la desigualdad, potenciar las oportunidades y optimizar la calidad de vida, con especial énfasis en quienes se encuentran en los escalones más bajos de la escala de ingresos. Lo que solemos considerar empleos de “bajos salarios” no son realmente mal remunerados en Noruega, y además incluyen atención médica y guarderías subvencionadas por el Estado, además de sindicatos fuertes que garantizan que los despidos sean poco frecuentes.

¿Quieres seguridad, atención médica y el sueño americano? Fíjate en Escandinavia.

“Nosotros vivimos de verdad el sueño americano”, me dijo Jens Stoltenberg, ex primer ministro de Noruega y actual ministro de Finanzas. “El sueño americano es más una realidad en los países nórdicos que en Estados Unidos”.

Un parque en OsloMARTHE THU – NYTNS

Los escépticos han argumentado que las generosas prestaciones sociales y los elevados impuestos resultantes han frenado las economías nórdicas. Quizá un poco. “Adiós, modelo nórdico”, escribía The Economist en 2006. Pero Noruega es ahora más rica que Estados Unidos en términos de renta per cápita, y los trabajadores noruegos son más productivos que los estadounidenses, con una mayor producción por hora. Los escandinavos viven más que los estadounidenses, y la gente es más feliz. Los cinco países nórdicos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— figuran todos entre los seis países más felices del mundo según el Informe Mundial sobre la Felicidad, basado en encuestas de Gallup.

Sin embargo, los propios países nórdicos se enfrentan a retos importantes, como las presiones fiscales, la inmigración, una desigualdad creciente y, tal vez, cierto deterioro del consenso social. Algunos dudan de que el modelo pueda sobrevivir aquí, y mucho menos exportarse a países más grandes, menos homogéneos y más recelosos de los impuestos.

Por otro lado, no se trata de un modelo ajeno sino, para los estadounidenses, de un camino que alguna vez nosotros mismos abrimos. Lawrence Katz, un economista de Harvard, me contó que Estados Unidos y los países escandinavos aplicaron políticas similares desde la década de 1940 hasta la de 1960. Ese fue el periodo en el que Estados Unidos amplió rápidamente las oportunidades educativas, contaba con sindicatos fuertes y, en la década de 1940, experimentó con el cuidado infantil universal. A veces se considera que el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue una época dorada, ya que la torta económico no solo creció, sino que también se repartió de forma más equitativa.

“Estados Unidos a mediados del siglo XX se parecía un poco a la Escandinavia de hoy”, dijo Katz. Pero Estados Unidos cambió de rumbo en la década de 1970 y acabó adoptando la revolución de Reagan.

Haaland dirige el remo vikingo tras la victoria sobre Brasil
Haaland dirige el remo vikingo tras la victoria sobre BrasilFrank Franklin II – AP

Una de las razones de ese retroceso, según he argumentado, fue la retórica política racializada que tildaba algunos programas de protección social e inversiones en igualdad de oportunidades —utilizados por estadounidenses de todos los ámbitos sociales— de “limosnas” que beneficiaban principalmente a la población negra, haciendo especial hincapié en la caricatura de la “reina de la asistencia social”.

También es cierto que la economía estadounidense de la década de 1970 no rendía lo suficiente y que los mercados necesitaban un empujón en forma de desregulación. Mientras tanto, los países nórdicos siguieron, en gran medida, invirtiendo en capital humano y reduciendo la desigualdad.

Un DJ actúa ante una multitud reunida en una plaza junto a la estación central de trenes de Oslo, Noruega, el 20 de junio de 2026
Un DJ actúa ante una multitud reunida en una plaza junto a la estación central de trenes de Oslo, Noruega, el 20 de junio de 2026MARTHE THU – NYTNS

Aunque llevo décadas visitando los países nórdicos, mi interés por su modelo creció en los últimos 15 años debido a las dificultades que atraviesa mi ciudad natal, en la zona rural de Oregón. Cerraron fábricas y plantas industriales, apareció la metanfetamina y tres amigos del colegio murieron en situación de calle.

No puedo evitar pensar que quizá hoy seguirían vivos si hubieran nacido en Escandinavia, con su sólida red de protección social.

El sistema

¿Cómo funciona este sistema en la práctica?

Piensa en Hauk Kjaeran, de 24 años, mesero en el restaurante Nektar de Oslo. Lleva solo unos meses en el trabajo, pero gana más de 25 dólares la hora, sin contar las propinas.

Además, tiene cinco semanas de vacaciones, acumula una pensión, tiene derecho a amplias bajas por paternidad y por enfermedad, y está estudiando para ser sumiller, todo ello financiado.

Una semana laboral completa en Noruega es de 37,5 horas, pero Kjaeran pidió un contrato al 60 por ciento. “Tengo otras cosas que hacer y también me gusta mi libertad”, explicó.

Una mesera del restaurante está de licencia, dando la vuelta al mundo en barco con unos amigos. Le pregunté a la dueña del restaurante, Veslemoey Hvidsten, qué pensaba de su empleada ausente.

“Ella quería hacer esto”, dijo Hvidsten. “Así que le dijimos: ‘Sí, ¿por qué no?’”.

Un lugar de descanso junto a un fiordo, en las afueras de Oslo, Noruega, el 20 de junio de 2026
Un lugar de descanso junto a un fiordo, en las afueras de Oslo, Noruega, el 20 de junio de 2026MARTHE THU – NYTNS

Hvidsten subrayó que su objetivo no es exprimir hasta el último centavo de su restaurante y que los empleados felices benefician tanto a los clientes como a su negocio.

“Así es como construimos todo el país”, añadió. “Cuidándonos unos de otros”.

Malentendidos

Cuando los estadounidenses hablan del sistema nórdico, suelen incurrir en tres malentendidos.

El primero es creer que son países socialistas. Aunque con frecuencia son gobernados por socialdemócratas, tienen economías de mercado. Suecia sí que experimentó en las décadas de 1970 y 1980 con políticas cuasi-socialistas, pero el resultado fue una crisis económica. Como dijo Johan Norberg, un escritor sueco: “Hemos sido socialistas y hemos tenido éxito, pero nunca las dos cosas a la vez”.

El segundo malentendido es creer que, gracias a sus sólidos sistemas de bienestar, los ciudadanos de los países nórdicos se quedan de brazos cruzados cobrando prestaciones. Claro, hay quien se aprovecha del sistema, pero la tasa de actividad es más alta en los países nórdicos que en Estados Unidos.

El tercero es creer que, en el caso de Noruega, su éxito es principalmente un reflejo de su riqueza petrolera. El petróleo le ha dado a Noruega un buen colchón, pero el país también lo ha gestionado excepcionalmente bien, invirtiéndolo en uno de los fondos soberanos más grandes del mundo. Además, según Geir Axelsen, director general de la Oficina de Estadística de Noruega, el aumento de la participación femenina en el mercado laboral noruego desde principios de la década de 1970 parece haber aportado al PBI del país más o menos lo mismo que el petróleo.

De hecho, las mujeres son un componente subestimado del motor económico nórdico. Históricamente, las mujeres estadounidenses tenían tasas de participación en el mercado laboral más altas que las de la mayoría de los demás países, pero ahora Escandinavia supera con creces a Estados Unidos en este indicador. En 2025, alrededor del 56 por ciento de las mujeres estadounidenses en edad de trabajar formaban parte de la fuerza laboral; en Suecia y Noruega, la cifra rondaba el 62 por ciento; en Islandia, el 70 por ciento. Tener la flexibilidad de trabajar a tiempo parcial o ajustar el horario es un factor que, sin duda, aumenta la proporción de mujeres en la población activa de los países nórdicos. Otro factor es la disponibilidad de guarderías de alta calidad. El sistema noruego, representativo de la región, acepta a niños a partir de 1 año y el costo ronda los 120 dólares al mes. Para las familias de bajos ingresos, es prácticamente gratuito.

Aficionados de Noruega celebran la victoria de su selección tras el partido de los octavos de final del Mundial 2026 entre Brasil y Noruega, en la calle Karl Johans gate, en Oslo
Aficionados de Noruega celebran la victoria de su selección tras el partido de los octavos de final del Mundial 2026 entre Brasil y Noruega, en la calle Karl Johans gate, en OsloTERJE BENDIKSBY – NTB

“Si no fuera por esta guardería, no tendríamos tres hijos”, me dijo Mats Brekke, ingeniero solar, mientras pasaba por la guardería de Oslo donde su hijo del medio pasa el día. Llevaba en brazos a su hija de 10 meses; ella empezará en agosto.

La guardería donde conocí a Brekke estaba en un barrio obrero de Oslo, con salas luminosas y un grupo diverso de niños jugando juntos, todos parloteando en noruego. Ese es uno de los objetivos del sistema: animar a los niños de las comunidades de inmigrantes a sentirse noruegos desde pequeños.

“Especialmente para los niños que vienen de otros países, como los inmigrantes o los refugiados, esto les ayudará a integrarse”, dijo la maestra Worod Alkazemi, ella misma noruega de origen iraquí que cuenta que fue “moldeada” como noruega hace una generación, cuando era una niña pequeña en la guardería.

Una quinta parte de los noruegos son inmigrantes o hijos de inmigrantes, a menudo procedentes de países como Siria o Somalia, con culturas sociales conservadoras. Las guarderías intentan fomentar las actitudes sociales nórdicas, que suelen ser más liberales.

“Estamos en junio y hablamos del Mes del Orgullo”, dijo Cathrine Pedersen, la directora de la guardería, en cuya fachada ondeaba una bandera arcoíris. “Para tener un símbolo de diversidad. Para mostrar que hay diferentes formas de vivir la vida”.

Evolución

Para entender cómo evolucionó el sistema socioeconómico nórdico, me pasé por la oficina de Kalle Moene, economista de la Universidad de Oslo. El sistema se remonta a la década de 1930, dijo, cuando los trabajadores de los sectores prósperos de la economía acordaron moderar sus exigencias salariales para apoyar a los sectores que atravesaban dificultades.

Aficionados de Noruega reaccionan mientras siguen el partido de los octavos de final del Mundial 2026 entre Brasil y Noruega durante un evento para ver el encuentro en Hudson Yards Backyard, en la ciudad de Nueva York, el 5 de julio de 2026.
Aficionados de Noruega reaccionan mientras siguen el partido de los octavos de final del Mundial 2026 entre Brasil y Noruega durante un evento para ver el encuentro en Hudson Yards Backyard, en la ciudad de Nueva York, el 5 de julio de 2026.LEONARDO MUNOZ – AFP

Ese principio —sacrificarse para ayudar a quienes no están tan bien— sigue siendo la base del modelo empresarial de la región. Los noruegos con mayor poder adquisitivo están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para garantizar que los trabajadores de cuello azul puedan salir adelante.

Moene sostiene que esta compresión salarial fomenta la innovación y el dinamismo al aumentar la rentabilidad de las industrias en crecimiento y reducir las ganancias de las industrias rezagadas.

“Los salarios más bajos suben, eliminando los malos empleos”, dijo Moene. “Los salarios más altos bajan, lo que crea más empleos de calidad”.

Además, la red de seguridad social de los países nórdicos hace que los trabajadores tengan menos miedo a que el comercio y la tecnología les quiten el trabajo. Esto facilita la adopción de políticas que impulsan el crecimiento en general, pero que amenazan algunos puestos de trabajo, dijo Stoltenberg.

Toxicidad política

Me pregunto si la compresión salarial también habrá dado lugar a una compresión política. Parece haber menos toxicidad política en los países nórdicos que en Estados Unidos y en muchos otros países. Según los estándares internacionales, reina la civilidad. Aquí hay nacionalistas de derecha, pero no han ganado tanto terreno como en Alemania, Francia o Gran Bretaña.

Eirik Lae Solberg, el alcalde de Oslo, es una figura destacada del partido conservador del país. Se opone al impuesto sobre el patrimonio y, en general, considera que los impuestos noruegos son demasiado altos. Pero según los estándares estadounidenses, se le consideraría liberal.

“Creo firmemente que lo que hacemos en los países nórdicos para ofrecer oportunidades a todos fomenta el crecimiento”, me dijo Solberg. “En Estados Unidos, probablemente estaría en la izquierda”.

Éxito bajo presión

A pesar de todo el éxito que ha tenido el modelo nórdico hasta la fecha, está bajo gran presión. Muchas prestaciones sociales son caras, y financiarlas supone un reto cada vez mayor a medida que la población envejece y requiere más cuidados para las personas mayores.

“Todas las instituciones de la sociedad están bajo presión”, dijo Shazia Majid, columnista de VG, un periódico noruego. Señaló que, como hay tantas mujeres trabajando, no pueden cuidar de sus padres mayores —una labor doméstica que recaería más sobre las mujeres que sobre los hombres— y el sistema está en apuros económicos, incluso cuando necesita decenas de miles de trabajadores de salud más.

La inmigración se suma a estos retos, sobre todo en Suecia, donde una cuarta parte de la población está compuesta ahora por inmigrantes o sus hijos. Los delitos violentos, que los comentaristas suelen vincular con la inmigración, son un problema grave en Suecia (aunque el país está lejos de ser la “capital mundial de las violaciones”, como afirman algunos relatos sensacionalistas de la derecha).

Observadores serios, sobre todo Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y exprimer ministro de Italia, sugieren que Europa ha perdido algo de su competitividad, y esa opinión también tiene eco en los países nórdicos. Creo que hay algo de verdad en eso, pero en el caso de los países nórdicos se puede exagerar un poco el alarmismo. Suecia ocupa el segundo puesto en el Índice Global de Innovación, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, por delante de Estados Unidos, que está en tercer lugar. Finlandia y Dinamarca también están entre los 10 primeros.

He estado hablando de las políticas nórdicas, pero ¿y si el principal motor del éxito no fueran tanto las políticas como las normas sociales? Se trata de sociedades tradicionalmente homogéneas que mantienen valores comunitarios de apoyo mutuo. Cuando investigadores “perdieron” billeteras en 40 países de todo el mundo, los dos países con las tasas más altas de devolución de las billeteras (cuando contenían dinero) fueron Dinamarca y Suecia.

Mi impresión es que las normas y las políticas se refuerzan mutuamente. Iyad el-Baghdadi, un destacado palestino en Noruega al que se le concedió el estatuto de refugiado, dijo que los noruegos habían sido extraordinariamente acogedores y amables. Pero no es solo eso, añadió: “Es que así es el sistema”.

Stoltenberg puso un ejemplo de cómo las políticas dan forma a las normas. En la década de 1980, él y otros impulsaron las licencias de paternidad remuneradas, en parte para garantizar que los papás pasaran tiempo con sus hijos recién nacidos. Esta ingeniería social funcionó: los papás ahora participan activamente en el cuidado de los niños, lo que alivia un poco la carga de las mamás. “Esa es quizás una de esas reformas que realmente han cambiado Noruega”, me dijo Stoltenberg.

Jens Stoltenberg
Jens StoltenbergPETER DAVID JOSEK – POOL

¿Es replicable el modelo nórdico? ¿Podrían las tiendas de conveniencia y las gasolineras de Estados Unidos pagar a sus cajeros y empleados 20 dólares o más por hora, además de una pensión y cinco semanas de vacaciones?

Un desafío, según me explicaron los economistas, es que, en comparación con muchos trabajadores estadounidenses, los noruegos suelen tener mayores índices de alfabetización, parecen más capaces de pasar una prueba de drogas, manejan mejor la tecnología y se puede confiar en que permanezcan más tiempo en sus empleos, lo que significa que los empleadores se benefician de una mano de obra más experimentada y productiva. En efecto, los empleadores nórdicos pueden pagar más, en parte porque los trabajadores generan más ingresos.

En ese sentido, aprender de los países nórdicos no es tan sencillo como subir el salario mínimo y ver cómo se dispara la felicidad. Más bien, se trata del reto de invertir en capital humano desde la primera infancia hasta la educación universitaria, impulsando sin descanso la ampliación de oportunidades a todos los niveles.

Todo esto supone un aumento de los impuestos. Pero también eleva las habilidades y hace que los trabajadores sean más productivos. Desde lejos, vemos lo mucho que reciben los trabajadores nórdicos; de cerca, también ves lo mucho que aportan.



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