En un giro que ni el mismísimo guionista de “Los Simuladores” se hubiera animado a escribir, personal del Servicio Penitenciario de Chimbas frustró un intento de contrabando digno de MasterChef edición delincuente.
El protagonista: un zapallo. Sí, un inocente, redondo y aparentemente vegetariano zapallo… que en realidad venía más conectado que adolescente en WiFi ajeno.
La verdura, que hasta hace unas horas soñaba con convertirse en sopa, puré o decoración otoñal, fue interceptada antes de ingresar al penal. Pero algo no cerraba: no era un zapallo… era EL zapallo. Pesaba raro, sonaba raro, y probablemente hasta tenía mejor señal que el pabellón entero.
Tras una requisa digna de cirujano gourmet, los agentes descubrieron el truco: adentro del noble cucurbitáceo se escondía un celular. No era un zapallo… era un “smart-allo”.
La maniobra, que intentaba ser tan ingeniosa como un gol con la mano de Diego Maradona, terminó siendo más evidente que político en campaña prometiendo asado barato.
Fuentes cercanas al caso aseguran que el vegetal no opuso resistencia y ya fue separado de la población carcelaria por “conducta sospechosamente tecnológica”.
Mientras tanto, las autoridades investigan si se trató de un hecho aislado o si estamos ante el nacimiento de una nueva modalidad delictiva: el “delivery orgánico con señal 4G”.
En otras noticias, las verduras del mercado local emitieron un comunicado despegándose del hecho: “Nosotros somos sanas, no somos Samsung”.

