El gobernador Marcelo Orrego pronunció una frase que hizo temblar bibliotecas enteras de excusas políticas: “los lemas son retrógrados”. Una definición sencilla, casi escolar, pero devastadora para una dirigencia que hace años simula estar “analizando” el Código Electoral como si fuera física cuántica aplicada y no una regla básica para contar votos sin trampas creativas.
Desde España, Orrego volvió y dijo lo que muchos piensan pero pocos se animan a escribir: el Sipad —esa criatura presentada como democrática— fue un sistema hecho a la medida de una persona, con nombre y apellido, cosido a mano y con bolsillos secretos. Democracia, sí, pero con truco incorporado y manual de uso exclusivo.
El Gobernador avisó que la modernización electoral no es una opción ni una mesa de estudio permanente: es una obligación. Y ahí vino el reto a los diputados provinciales, esos profesionales del “lo estamos viendo”. Orrego pidió menos contemplación académica y más decisión política: un sistema más simple, más barato y —sobre todo— menos diseñado para que siempre gane el mismo.
El mensaje cayó justo cuando el bloquismo desempolvaba carpetas y sacaba brillo al lápiz. Luis Rueda (El hombre elástico que defiende el SIPAD, porque participó de su creación para Sergio Uñac), reunió abogados, asesores y expertos en diagnósticos eternos para “trabajar sostenidamente”. Reuniones, borradores, café, redes sociales y ninguna definición concreta todavía. Eso sí, con la elegante aclaración de que no hacía falta presentar nada por separado. Todo consensuado, todo conversado, todo eternamente en veremos.
Porque el bloquismo, aunque ahora se horrorice, también venía pensando en un sistema de lemas reversionado, aggiornado, tuneado, maquillado… pero lema al fin. Tres candidatos por acá, un porcentaje menos por allá, como si el problema fuera el envase y no el contenido. Escucharon a Orrego decir “retrógrados” y entendieron que había que guardar esa idea en el cajón de las cosas que “se analizaron pero no prosperaron”.
La alianza entre Orrego y el partido de la estrella funciona aceitadamente. Votaron juntos, caminaron juntos y hasta hubo gestos de sacrificio político: Federico Rizo dejó una banca nacional para que entrara un hombre de confianza del Gobernador. Eso no es estudio: eso es disciplina.
Mientras tanto, el famoso “laboratorio legislativo” sigue en etapa de prueba. Internas cerradas, Boleta Única Papel, colectoras… opciones sobran, definiciones faltan. Las colectoras entusiasman a algunos, espantan a otros y confunden a todos, pero sirven perfecto para seguir discutiendo sin resolver, que es el deporte favorito de la política local.
El bloquismo quiere que el SIPAD siga, pero se encuentran con una promesa electoral de Orrego de eliminarlo. Después, cuando se les pregunta con qué los reemplazan, aparece el silencio reflexivo, el ceño fruncido y la frase mágica: “hay que estudiarlo bien”. Como si San Juan fuera un experimento y no una provincia que vota.
El bloquismo defiende los lemas, pero muchos defienden el tiempo que les da no decidir nada. El proyecto cayó, perdió estado parlamentario y ahora vuelve a foja cero, ese lugar cómodo donde todo puede empezar… sin empezar nunca.
Hay margen, no apremian los plazos y la decisión final está en manos del Gobernador. El problema no es el calendario: el problema es que algunos siguen estudiando cómo no cambiar nada.

