Lo que está pasando en la UCR ya no se explica con la ciencia política, se explica con la psiquiatría forense. El radicalismo es el único partido del mundo que tiene más bloques que votantes y más internas que soluciones. Son una secta de caníbales que, cada vez que ven una crisis nacional, en lugar de proponer una solución se preguntan: ‘¿A qué correligionario puedo traicionar hoy para quedarme con el mejor escritorio del Congreso?’.
Verlos fracturarse en Diputados es asistir a un espectáculo de sadomasoquismo republicano. No se rompen por ideología —porque para tener ideología primero hay que tener una columna vertebral que no sea de gelatina como es la del Bloquismo o el PJ—, se rompen por el control de una caja de sellos de goma y el manejo de una fotocopiadora. Son como una familia que se pelea por la herencia antes de que el muerto se enfríe, con la diferencia de que el muerto es el partido y ellos son los que están sosteniendo la almohada sobre su cara mientras recitan el Preámbulo de la Constitución.
Su estado natural no es la gestión, es la impugnación. Si un radical camina por la calle y se choca con su propia sombra, le arma una interna, le interviene el distrito y le manda una carta documento por ‘inconducta ética’. Han convertido la pelea en una liturgia: se abrazan en la foto de unidad con la misma sinceridad con la que un carnicero abraza a una vaca. Son capaces de romper un bloque porque el de la otra línea interna pidió un café cortado y no un té de ruda, alegando que eso ‘hiere las bases doctrinarias de Leandro N. Alem’.
Al final del día, el radicalismo es ese pariente que llega borracho a Navidad, rompe la mesa de un puñetazo porque el vitel toné no es ‘suficientemente federal’, y se va indignado a fundar una familia nueva en el garaje. El problema es que el garaje está vacío, hace frío y el único que lo sigue es un asesor que le debe tres meses de sueldo. Son los campeones mundiales de la autofagia: si los dejas solos en una isla desierta, en 48 horas hay tres convenciones nacionales, cuatro pedidos de expulsión y la isla está hundida porque se pelearon por ver quién era el capitán del naufragio.

