La detención del coronel retirado Pablo Guillermo Quiroga —un hombre acostumbrado a caminar por las sombras de la inteligencia militar— volvió a encender las alarmas sobre ese inexpugnable submundo donde se mezclan espionaje, narcotráfico y amistades peligrosas.
Quiroga, de 63 años, fue capturado a fines de noviembre en el aeropuerto de Ezeiza al regresar de un viaje a Perú y, de inmediato, procesado con prisión preventiva por delitos que hacen saltar chispas: confabulación para el contrabando de estupefacientes y posesión ilegítima de armas de guerra, entre otros cargos graves que ahora lo mantienen tras las rejas.
En su casa de Nordelta, los investigadores hallaron un arsenal sin registro —cinco armas que “misteriosamente” no figuraban a su nombre— y un embargo de 100 millones de pesos, como para darle un marco digno a este espectáculo judicial.
Pero lo que realmente electriza a los observadores no es solo eso. Quiroga fue parte, durante años, del círculo más íntimo del general César Milani, ex jefe del Ejército e históricamente cuestionado por su rol en múltiples tramas de poder y maniobras clandestinas.
Esa vieja “estructura alternativa” de inteligencia, que Milani desplegó durante los gobiernos kirchneristas —en pugna con la SIDE tradicional— ahora resurge como protagonista de un proceso penal que mezcla espionaje, redes narco y tráfico internacional de cocaína, incluso con la supuesta intención de enviarla a Europa utilizando rutas aéreas comerciales.
Los chats incluidos en la causa describen conversaciones sobre cómo ocultar estupefacientes en paneles de aeronaves: escenas que parecen sacadas de una película de espías fallida, si no fuera porque la Justicia las está tomando muy en serio.
Y como si fuera poco, estos mismos personajes habían sido mencionados en versiones periodísticas e investigaciones relacionadas con el asesinato del fiscal Alberto Nisman, aunque sin nunca haber sido condenados en ese expediente.
Así, la figura de Quiroga no es solo la de un militar convertido en procesado por narcotráfico: es la epifanía de un sistema de inteligencia paralelo que, durante años, operó fuera de cualquier control y ahora deja tras de sí una estela de interrogantes políticas, judiciales y éticas.

