La Justicia intenta definir qué hacer con los últimos animales que quedaron después del cierre definitivo del parque.
Se trata de cuatro pingüinos saltarrocas, cuyo valor fue estimado en conjunto en unos $56,8 millones. La tasación fue incorporada al expediente de la quiebra de Plunimar S.A., la empresa que explotaba el Aquarium y que pertenecía al grupo mexicano The Dolphin Company.
El precio no significa que los animales ya hayan sido vendidos. La valuación permitiría avanzar con una operación en el exterior en caso de que aparezca un comprador y se consigan todas las autorizaciones necesarias. Si eso no ocurre, el monto dejaría de computarse entre los activos que podrían utilizarse para afrontar las deudas de la compañía.
Actualmente quedan 59 pingüinos en el antiguo Aquarium: 53 magallánicos, dos rey y cuatro saltarrocas. Para la mayoría se analiza una reubicación en instituciones argentinas, entre ellas Fundación Bubalcó, Temaikén y otros bioparques.
La historia de los intentos por desprenderse de los pingüinos comenzó mucho antes. Según reconstruyó el medio marplatense 0223, en 2025 una firma mexicana llegó a ofrecer USD 750.000 por todos los ejemplares, mientras que meses después un oceanario chino presentó una propuesta que alcanzaba los USD 950.000 por 62 pingüinos.
La operación con China avanzó incluso con una carta de intención y distintas gestiones para concretar el traslado, pero el dinero nunca fue depositado y la venta se cayó. También aparecieron propuestas provenientes de Brasil y se analizaron alternativas en Filipinas y Rusia.
Con el paso de los meses, la estrategia cambió. La posibilidad de vender a todos los animales fue perdiendo fuerza y la sindicatura comenzó a buscar instituciones que pudieran recibirlos, mientras algunos ejemplares de especies consideradas más valiosas comercialmente continuaron dentro del inventario de la quiebra.
El problema es que mantener a los animales dentro de un parque cerrado tiene un costo elevado. Aunque el Aquarium dejó de recibir público en marzo de 2025, una parte del personal continúa trabajando para alimentarlos, controlar su estado sanitario y mantener en funcionamiento los sistemas necesarios para su supervivencia.
De acuerdo con la información incorporada al expediente, actualmente hay alrededor de doce trabajadores afectados a esas tareas y el mantenimiento puede superar los $50 millones por mes.
La situación también genera presión sobre el inmueble. El terreno pertenece a Cabo de las Corrientes S.A., vinculada a la familia Peralta Ramos, que busca recuperar definitivamente el predio. Por eso se analiza devolver primero las áreas que ya quedaron vacías y mantener temporalmente ocupados únicamente los sectores necesarios para alojar a los animales.
Desde el cierre comenzó un progresivo traslado de especies. Diez delfines nariz de botella fueron vendidos por USD 800.000 a un acuario de Egipto, mientras que lobos marinos, aves, reptiles y otros animales fueron vendidos o cedidos a diferentes instituciones.

