Desde este 1° de enero los sanjuaninos tenemos un nuevo regalo de año nuevo: el boleto de colectivo subió a $1.070 por viaje. Sí, leíste bien. Lo que antes era un trago amargo ahora viene con una subida del 34 %, como si fuera un producto de lujo que los barones del transporte decidieron vestir de etiqueta exclusiva.
Mientras el bolsillo de la gente hace malabares para llegar a fin de mes, los empresarios del transporte —esos genios de la lógica económica— siguen ajustando precios como si fueran DJ de una fiesta privada donde solo ellos tienen entrada VIP. ¿Costos operativos? ¿Combustible? ¿Inflación? Claro, palabras mágicas que suenan bien en los discursos de palacio… pero que para la gente en la calle significan menos poder de compra y viajes más caros para ir al laburo, a estudiar o a ver a la familia.
Y como si fuera poca broma, el propio Gobierno nos cuenta que la actualización puede tardar hasta 72 horas en reflejarse en la SUBE, como si el sistema funcionara con señales de humo del siglo XIX.
Mientras tanto, los verdaderos festejadores de esta «actualización tarifaria» están del otro lado: los empresarios del transporte y su sutil arte de exprimir a los usuarios con excusas técnicas y números en pizarras que nadie entiende, pero que todos sentimos en el bolsillo.

