En una intervención cargada de ironía y confrontación, la exmandataria rechazó los cargos de corrupción y denunció una persecución judicial basada en presiones a testigos y procedimientos irregulares en sus propiedades del sur y Buenos Aires.
Durante su alocución, la expresidenta apuntó contra la metodología de la investigación: «Metían presa gente para que dijera que yo era la responsable de todo y de no se sabe de qué».
Fernández de Kirchner detalló que, tras un periodo de convalecencia, debió enfrentar la acusación de ser responsable de recibir «203 casos de cohecho, coimas«.
Ante esto, lanzó una serie de interrogantes directos al tribunal: «¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién las recibió? ¿Yo? ¿De quién? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Cuánto?».
La defensa de su patrimonio y su estilo de vida fue el eje central de su discurso. «¿Dónde está toda esa plata?», preguntó antes de recordar los operativos policiales: «Me dieron vuelta en esta causa mi casa de Río Gallegos, mi departamento en Juncal y Uruguay, y me rompieron la casa de El Calafate«.
También cargó contra las búsquedas de dinero enterrado, señalando que un fiscal «anduvo con excavadoras haciendo pozos y buscando plata por la Patagonia«.
Hacia el final, la exvicepresidenta apeló a la lógica del funcionamiento judicial para desestimar las cifras millonarias que se le adjudican. «¿Ustedes saben cómo vivo yo? ¿Cómo viven mis hijos? ¿Qué es esto de que se robó un PBI, que se robó miles de millones?», cuestionó.
Cerró su exposición con una frase tajante sobre su presencia en el banquillo: «Miren, si me hubiera robado miles de millones no estaría sentada acá. No estaría sentada acá, sobre todo teniendo en cuenta ciertos funcionamientos del Poder Judicial y de la justicia, lamentablemente, en Argentina«.

