La producción petrolera volvió a marcar un récord en enero al alcanzar los 882.200 barriles diarios. De ese total, casi 600.000 provinieron de Vaca Muerta, que ya explica el 68% de la oferta nacional. El salto es significativo si se tiene en cuenta que en 2015 el no convencional apenas representaba el 4% de la producción argentina.
El Gobierno celebró el dato y destacó que la producción en Vaca Muerta creció 35,5% interanual, lo que impulsó una suba de 16,5% en la oferta total. En otras palabras, el dinamismo del no convencional continúa compensando la acelerada declinación de los yacimientos maduros, especialmente en provincias como Chubut y Santa Cruz.
“Con reglas claras e inversión privada, el sector energético crece”, publicó la Secretaría de Energía en X. El mensaje fue replicado por el ministro de Economía, Luis Caputo.
La energía es uno de los pocos sectores que, en los últimos 12 años, logró sostener políticas de Estado, tras la crisis energética que atravesó el país durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, después de una década de congelamientos tarifarios y falta de incentivos a la inversión.
El repunte no se limita al petróleo. La producción de gas promedió en enero los 141 millones de metros cúbicos diarios. El aumento de la oferta permitió reducir importaciones y expandir exportaciones de crudo, lo que derivó en un superávit comercial energético de US$7815 millones en 2025.
En paralelo, el contexto internacional también aportó alivio. Tras un inicio de año en el que el barril llegó a perforar los US$60, la crisis geopolítica en torno a Irán impulsó una recuperación de los precios. Actualmente, el crudo supera los US$71, lo que mejora los ingresos de las compañías y sostiene los planes de inversión.
La producción no convencional se basa en la perforación horizontal —a diferencia del esquema vertical tradicional— y en el uso del fracking, técnica que consiste en inyectar grandes volúmenes de agua y arena para fracturar la roca y mantener abiertas las fisuras por donde fluyen el petróleo y el gas.
Las principales operadoras —como YPF, Vista Energy, Pan American Energy y Tecpetrol— destinan hoy la mayor parte de sus inversiones a Vaca Muerta. Se trata de una formación que exige fuertes desembolsos iniciales, pero ofrece márgenes de rentabilidad elevados.
En contraste, los yacimientos maduros quedaron mayormente en manos de empresas más pequeñas, enfocadas en servicios de perforación y mantenimiento, con estructuras más livianas y mayor flexibilidad operativa.
En octubre pasado, la Argentina ya había superado el récord histórico de 1998, cuando la producción diaria alcanzó los 865.000 barriles. La marca de enero consolida esa tendencia.
El desafío hacia adelante será mejorar la productividad para sostener el crecimiento ante eventuales caídas del precio internacional. Hoy perforar un pozo en la Argentina cuesta cerca de 40% más en dólares que en Estados Unidos.
“La industria petrolera argentina ya recorrió la curva de aprendizaje en la explotación no convencional, adoptando las mejores prácticas de los productores norteamericanos. Ahora el desafío es innovar y reducir costos en una formación que ofrece mayores rendimientos que sus equivalentes en Estados Unidos, pero que todavía opera con costos significativamente más altos”, señaló el exsecretario de Energía Daniel Montamat.
De cara a 2030, el sector proyecta alcanzar una producción de 1,5 millones de barriles diarios, con exportaciones cercanas al millón. Para lograrlo, las empresas advierten que será necesario resolver algunos “dolores de crecimiento”, como los cuellos de botella derivados de la multiplicación de proyectos y la escasez de proveedores. “En Estados Unidos hay más empresas de servicios compitiendo, lo que presiona los costos a la baja”, reconocieron fuentes oficiales.

