Últimas noticias desde San Juan: el 100% de los trabajadores del ajo está en negro. Sí, todos. Hasta los fantasmas del cementerio local están celosos de tanta invisibilidad laboral. Y mientras los inspectores intentan entrar al campo, los productores se comportan como si fueran ninjas del siglo XXI: cierran puertas, corren a los fiscalizadores y, de vez en cuando, lanzan un ajo volador por si las dudas.
Entre los grandes protagonistas de esta tragicomedia tenemos a Juan Manzur, que parece haber hecho un máster en “cómo gobernar sin que nadie lo vea”. De Tucumán a San Juan, su paso por el mundo del ajo y el olivo se siente como una clase de magia negra financiera: los sueldos desaparecen y reaparecen cuando a él le conviene. Las empresas olivícolas que supervisa son tan puntuales pagando salarios como un reloj de arena roto: primero se va toda la arena y recién después los trabajadores ven la plata.
El gremialista Miguel Ángel Agüero cuenta que la situación es “grave y estructural”. Y no es para menos: donde hay ajo, cebolla o aceitunas, hay problemas que harían sonrojar a cualquier inspector. Los trabajadores que llegan de Mendoza y Catamarca viven condiciones tan precarias que hasta los ajos parecen preguntar: “¿Qué nos hicieron?”. Mientras tanto, Manzur sigue perfeccionando su técnica favorita: aparecer solo en fotos de inauguraciones, desaparecer cuando hay que pagar sueldos o registrar empleados.
Los productores locales se han vuelto tan organizados que podrían dar clases de logística ninja: “Si viene la inspección, corremos a los trabajadores; si insiste, agredimos al fiscalizador; y si hay testigos, inventamos que todo es una película de terror sobre ajos asesinos”. En serio, Hollywood debería ficharlos para la próxima saga de terror rural.
Pero lo más increíble de todo esto es la naturalización del desastre: en San Juan, el ajo no solo pica, también quema… y huele a corrupción al estilo Manzur. Entre invisibilizar trabajadores, retrasar pagos y esquivar controles, el exgobernador tucumano parece estar escribiendo un manual secreto llamado: “Cómo hacer como que gobiernas mientras el trabajo en negro florece”.
Al final, queda claro: en San Juan, los ajos no son solo condimentos de cocina, son testigos silenciosos de un espectáculo surrealista donde los sueldos desaparecen, los trabajadores se esconden y Manzur sonríe desde su trono invisible.

