WASHINGTON.- El presidente Donald Trump afirmó el martes que encontró una vía de escape de último momento que le permitió retrasar su amenaza de destruir la red eléctrica y los puentes de Irán, al aprovechar una propuesta de Pakistán para un alto el fuego de 14 días que incluiría la apertura del estrecho de Ormuz mientras Washington y Teherán intentaban negociar un acuerdo de paz.
En un comunicado, Trump declaró que, a pedido del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, decidió “suspender la fuerza destructiva que se estaba enviando esta noche a Irán”.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, un veterano de negociaciones nucleares previas con Estados Unidos, dijo en un comunicado que, si Israel y Estados Unidos detienen sus ataques, Irán también suspenderá su “operación defensiva” durante dos semanas. Sin embargo, afirmó que “las Fuerzas Armadas de Irán” mantendrían el control de la vía marítima.
Eso dejaría a Irán con el control fundamental del paso, y sobre el ritmo al que una enorme acumulación de buques cisterna podría reanudar el envío de petróleo a Europa y Asia, helio a plantas de semiconductores en todo el mundo y fertilizantes a agricultores desde África hasta Asia.
Por su parte, Trump señaló que el acuerdo estaba “sujeto a que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA Y SEGURA del estrecho de Ormuz”. Esto sugiere que Trump retrocedió antes de recibir una respuesta de la dirigencia en Teherán, que hasta ahora había insistido en que solo abriría la vía si contaba con un acuerdo de paz completo. Irán sostuvo que el acuerdo final debía incluir reparaciones por daños de guerra y el levantamiento total de las sanciones occidentales sobre su economía.
Queda sin resolver, al menos por ahora, el destino de unas 970 libras de uranio cercano al grado armamentístico, almacenadas principalmente en un sitio en Isfahan, así como la exigencia de Trump de que Irán limite el tamaño y el alcance de su arsenal de misiles, actualmente debilitado. Y al alcanzar incluso un alto el fuego temporal con la Guardia Revolucionaria Islámica y su nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, está esencialmente reconociendo la legitimidad de su nuevo gobierno, apenas cinco semanas después de instar al pueblo iraní a derrocarlo.
Casi de inmediato, los iraníes hicieron afirmaciones que parecían ir mucho más allá de lo que dijo el presidente. El Consejo de Seguridad Nacional de Irán aseguró en un comunicado que el país había derrotado a Israel y a Estados Unidos, y sostuvo que Washington había aceptado todos los términos del plan de paz iraní, incluidas garantías de no atacar a Irán y el control iraní del estrecho.
Trump había estado bajo creciente presión para encontrar una salida a la confrontación después de fijar como plazo las 20 (las 21 de Argentina) para la apertura del estrecho, y tras declarar en redes sociales a primera hora del martes que, si era desafiado, “toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás”. Fue un ejemplo clásico del estilo de negociación caótico y de alta presión de Trump, en el que crea una crisis y luego utiliza su poder de presión para alcanzar un acuerdo.
En este caso, Trump pareció desesperado por encontrar una forma de escapar de sus propias amenazas y retórica, y de respaldar una propuesta pakistaní a la que luego pudiera adherir. Apenas dos días después de calificar al liderazgo iraní como “locos de remate” y decir que pronto estarían “viviendo en el infierno”, el martes los elogió como una dirigencia “diferente, más inteligente y menos radicalizada”, y predijo que “algo revolucionariamente maravilloso puede ocurrir, ¿quién sabe?”.
El alto el fuego temporal no aborda las cuestiones fundamentales que llevaron al estallido de la guerra el 28 de febrero: la negativa de Irán a renunciar a su reserva de combustible nuclear; las exigencias de Estados Unidos e Israel de que limite el tamaño y el alcance de su arsenal de misiles; y las demandas iraníes de mantener el derecho a enriquecer uranio y, más recientemente, de recibir reparaciones de guerra.
Pero por primera vez en casi seis semanas de combates intensos, ofrece la posibilidad de reanudar las negociaciones y cierto alivio para los iraníes cuyos hogares, fábricas y escuelas han sido bombardeados, así como para los israelíes que comprobaron que sus defensas antimisiles no podían garantizar su seguridad.
El acuerdo de último momento probablemente tranquilice a los inversores y alivie una creciente crisis en Asia, donde algunos países dependen del petróleo que atraviesa el estrecho para el 80% de su suministro. Una vez en vigor el alto el fuego, aumentaría el costo político para Trump de romperlo nuevamente, o de permitir que Israel lo haga.
Pero también abre la posibilidad de que la guerra termine —o al menos derive en una tregua inestable— sin que Trump haya logrado muchos de los objetivos que se había propuesto.

