En la AFA no hay déficit, hay barra libre. No se juega al fútbol: se juega al pásame la Visa. Mientras los clubes raspan la olla y el ascenso viaja en micro con olor a mate frío, en las alturas del poder futbolero alguien desliza una tarjeta corporativa como si fuera la varita mágica de Harry Potter… pero versión AFIP-free.
Según la Justicia y lo publicado por TN, el supuesto testaferro de Pablo Toviggino gastaba 50 millones de pesos por mes con una tarjeta de la AFA. Cincuenta. Por. Mes. No para pelotas, no para canchas, no para inferiores. Para vida premium, peajes de autos que no pisan el barro y gastos que no entran ni en el álbum de figuritas de la vergüenza.
Tapia hace de presidente, Toviggino de tesorero y el testaferro de dueño de shopping personal. Un triángulo perfecto: uno mira para otro lado, otro firma, y el tercero consume. El fútbol argentino convertido en tarjeta black con escudo.
La pregunta no es quién pagó.
La pregunta es cuántos sabían.
Y la respuesta, como siempre en la AFA, es un silencio más grande que el estadio vacío un lunes a las tres de la tarde.
Porque no estamos hablando de un error administrativo. Esto no es “ups, cargué el TelePASE en la cuenta equivocada”. Esto es un sistema aceitado, donde la AFA funciona como caja chica privada, y el estatuto parece escrito con tinta invisible para la Justicia… hasta que la lupa se prende.
El supuesto testaferro vivía como magnate.
La tarjeta como si fuera hereditaria.
Y el fútbol, como siempre, pagando la fiesta sin haber sido invitado.
Tapia sonríe, Toviggino se ofende en Twitter, y el hincha sigue creyendo que los problemas del fútbol son los árbitros. No: el problema es que la pelota rueda, pero la guita vuela.
Y cuando la Justicia pregunta quién gastó 50 millones por mes, en la AFA responden como en los penales:
todos miran al piso y nadie se hace cargo.

