En una nueva entrega de “La ley es la ley (pero depende quién la pida)”, está claro que en San Juan nadie vende sin permiso. O por lo menos, no sin hacer fila en la burocracia municipal.
Tras ordenar el desalojo de los manteros de la calle San Luis, la Intendencia
salió con el manual del buen gobierno en mano para recordarnos que el país, la provincia y el municipio se van al tacho si alguien vende pulseritas en la vereda sin autorización. Porque claro, hasta ahora íbamos directo al G20, pero los manteros nos estaban frenando el desarrollo.
«Las normas están para cumplirse», dicen los funcionarios
, marcando la cancha como una verdadera sheriff del comercio local. La idea quedó clarísima: si querés vender en la calle, más te vale que lo hagas con el sello de la municipalidad, sino a casa, m’hijo.
LA DIFERENCIA ENTRE VENDER Y VENDER LEGALMENTE (SEGÚN EL MANUAL MUNICIPAL)
Pero atención, que no todos los que venden en la calle son iguales. Hay diferencias entre los artesanos y emprendedores (que son casi héroes municipales) de los manteros sin permiso.
«Los artesanos están empadronados y tienen su lugar», explicaron. O sea, venden en la calle, pero con satisfacción garantizada municipal. ¿Manteros? No, no, eso es comercio ilegal, y el municipio no puede solventarlo. Porque si hay algo que San Juan no tolera, es la ilegalidad… salvo que seas funcionario con viáticos sin justificar, pero ese es otro tema.
Y así termina otro capítulo del «San Juan Ordenado», donde los manteros son los vivos, los artesanos son los buenos, y la intendenta es la heroína que salvó al parque y a la plaza Julieta del caos callejero.
Moraleja: si querés vender en la calle, pedí permiso, hacé fila, llená formularios y vas a pasar de vivo y explotado por un tercero bueno como los artesanos.

