Sergio M. Eiben: Donato, usted siempre destaca que San Martín fue mucho más que un militar. ¿Qué lugar ocuparon los libros en su vida?
Donato Saguier: Fundamental, Sergio. San Martín no solo era un hombre de armas, era también un hombre de pensamiento. Los libros fueron su refugio, su escuela y hasta su manera de preparar las campañas. Tenía una biblioteca personal enorme, y cuando viajó al exilio la llevó consigo, como si fueran parte inseparable de su vida.
Eiben: ¿Eso significa que el Libertador veía en la lectura un arma tan poderosa como la espada?
Saguier: Exactamente. Él estaba convencido de que la independencia no se consolidaba solo con batallas. Había que formar ciudadanos instruidos, con criterio, con cultura. Por eso apoyó la creación de bibliotecas en Cuyo y en Lima. Entendía que un pueblo sin educación estaba condenado a repetir cadenas de opresión.
Eiben: Usted mencionó la biblioteca de San Martín. ¿Qué se sabe de esos libros?
Saguier: Era una colección impresionante. Había filosofía, historia, derecho, estrategia militar y también literatura. Y no era una biblioteca de adorno: San Martín los leía y los estudiaba. Incluso recomendaba lecturas a sus oficiales, convencido de que un ejército instruido era más disciplinado y consciente.
Eiben: En su visión, ¿San Martín era un intelectual además de un militar formado?
Saguier: Sin duda. Tal vez no en el sentido académico, pero sí en el más profundo: el de un hombre que piensa, reflexiona y entiende la realidad a través de las ideas. Su genio militar estaba alimentado por esas lecturas. Era un estratega en el campo de batalla, pero también un estratega en la construcción de una nación.
Eiben: ¿Qué nos dice eso a los argentinos de hoy?
Saguier: Que no basta con pelear las batallas del presente sin pensar en el futuro. San Martín nos enseña que la cultura y la educación son tan importantes como la política y la economía. En su época, un libro podía ser tan revolucionario como un sable. Ese mensaje sigue vigente.