La senadora Carolina Moisés contó que tuvo una charla reveladora con Cristina Kirchner y básicamente descubrió lo que medio país sospechaba: en el peronismo todos quieren conducir… pero nadie quiere soltar el volante, aunque el auto ya esté en la banquina con balizas y humo saliendo del capot.
Moisés fue con una propuesta digna de Premio Nobel de la Convivencia Partidaria: “Hagamos una presidencia alternada en el PJ de Jujuy. Un año yo, un año ustedes. Sumemos a todos”. Una idea simple, democrática, casi tierna. La respuesta fue un “no” tan categórico que debió haber provocado eco en toda la Cordillera. No fue un rechazo: fue una demolición conceptual.
Ahí entendió que el problema no era solo electoral. Era estructural. Filosófico. Genético. Porque el peronismo puede cambiar de nombre, de logo, de color de campaña… pero jamás de dueño del control remoto.
Después vino la lluvia de suspensiones en Jujuy. Más de 300 dirigentes afuera. Diputados, intendentes, presidentes de bloque. Una limpieza interna tan intensa que parecía promoción de “2×1 en expulsiones”. El mensaje fue sutil como martillo neumático: “Si votás algo del gobierno de Javier Milei, te convertís en ex compañero”.
Disciplina partidaria versión siglo XXI: primero te abrazan, después te notifican.
Moisés, que supo ser kirchnerista cuando el kirchnerismo era religión oficial y ahora orbita el planeta dialoguista junto a Gustavo Sáenz, soltó la frase que en el PJ cayó como baldazo de soda sin gas: “Cristina es parte del problema… pero no todo el problema”.
Traducción política: no es la única responsable del incendio, pero tiene las llaves del fósforo.
Mientras tanto, el bloque que conduce José Mayans quedó más fragmentado que promesa electoral después del escrutinio. El peronismo tiene el mínimo histórico en el Senado, pero la discusión interna no es cómo recuperar poder… sino quién se queda con los restos del naufragio.
Y en Jujuy, la famosa estrategia para ganarle a Gerardo Morales terminó siendo algo así como planear una invasión con un grupo de WhatsApp silenciado.
Moisés ahora dice que quiere construir el peronismo del futuro. Hermosa intención. Ambiciosa. Poética. El detalle es que el peronismo del presente todavía está discutiendo el pasado, peleándose por el control del presente y sospechando del futuro.
La escena completa parece una gran reunión familiar donde todos se dicen compañeros, nadie se escucha y cada uno acusa al otro de haber traído la ensalada equivocada.
Y así, entre alternancias rechazadas, suspensiones masivas y diagnósticos tardíos, el movimiento que supo dominar la política argentina hoy debate si el problema es el conductor… el motor… o que ya no queda combustible.
Eso sí, la pelea interna está garantizada, la estrategia electoral la veremos después.

