En Zonda ya no se vive: se sobrevive. Los vecinos pagan de su bolsillo cámaras de seguridad de última generación, las entregan al municipio en abril y, cinco meses después, siguen guardadas en sus cajas. Mientras tanto, los robos se multiplican como si fueran parte de la rutina diaria. La realidad es una sola. Los vecinos dicen «El gobierno nos abandonó a y nos dejó a merced de los ladrones.
Cámaras en cajas, ladrones en la calle
Las cámaras que podrían estar leyendo patentes y aportando pruebas duermen en un depósito municipal. Los delincuentes, en cambio, trabajan a destajo: tres o cuatro robos semanales, con el mismo modus operandi y la misma impunidad. Casas vacías, casas con gente, da lo mismo: entran, roban, maniataban familias, apuntan con armas a los chicos y se llevan todo.
Seguridad de cartón: cuatro policías para todo un pueblo
Zonda está custodiada por apenas cuatro efectivos y una camioneta destartalada. Cuatro policías para 6.800 habitantes. Eso no es seguridad: es una invitación al delito. Y como si fuera poco, los hacen trabajar en un contenedor sin agua ni luz, que en invierno es una heladera y en verano un microondas. A esos niveles de precariedad, no hay vocación que aguante.
Autoridades que se esconden
Los vecinos dicen que golpearon todas las puertas: intendente, diputados, jefe de Policía, secretario de Seguridad. Declaran que nadie dio la cara. Nadie apareció. Solo un concejal se dignó a escuchar. Una habitante de 43 años dle departamento dice «Los que deberían defender a la gente se esconden detrás de la excusa eterna: no hay plata”. Pero mientras tanto sí hay plata para polideportivos y obras que se inauguran con tijeras y aplausos. Para cuidarnos a nosotros, nada».
La propuesta que nadie quiso escuchar
Los vecinos no solo reclaman: también proponen. Garitas policiales en los accesos al departamento, personal las 24 horas y uso de las cámaras que ellos mismos compraron. La respuesta fue el silencio. No hay voluntad política de dar la pelea contra el delito.
Un departamento turístico convertido en tierra de nadie
Zonda debería ser un polo gastronómico, cultural y turístico. En vez de eso, es un territorio liberado para delincuentes que entran y salen cuando quieren. Los visitantes llegan a disfrutar de la naturaleza, pero se encuentran con una realidad de miedo, rejas y vecinos organizándose por su cuenta porque el Estado les dio la espalda.
Conclusión brutal
Zonda es una zona liberada. No es un slogan, no es un título periodístico fuerte: es la verdad. Aquí los vecinos se defienden solos, los ladrones hacen negocios y las autoridades miran para otro lado.
Las autoridades están ausentes. Y cuando las autoridades se borran, lo que aparece es la ley del más fuerte. Hoy, en Zonda, la ley la ponen los delincuentes. Y nadie, absolutamente nadie, desde el poder, parece dispuesto a enfrentarlos.

