Rosca, pases y control: Flagrancia vuelve a ordenar el tablero del poder en Tribunales
El año judicial arrancó sin discursos ampulosos ni comunicados rimbombantes, pero con una jugada quirúrgica que dejó a más de uno recalculando en los pasillos de Tribunales. Apenas cerrada la feria, la conducción del Ministerio Público Fiscal activó una serie de movimientos internos que, lejos de ser meros cambios administrativos, reconfiguran zonas sensibles de poder. En el centro de la escena, otra vez, Flagrancia.
La unidad que prometió velocidad, eficiencia y modernización vuelve a ser el punto donde se cruzan gestión, política judicial y tensiones acumuladas. Aunque no hubo explicaciones oficiales, el mensaje fue claro: había que tocar piezas y hacerlo rápido.
Flagrancia venía siendo un dolor de cabeza silencioso. Ajustes de horario, decisiones poco habituales —como extender la actividad a los sábados— y señales de desgaste operativo marcaron el cierre de 2025. En su momento se vendió como una solución coyuntural; hoy queda claro que era el primer aviso de que algo no estaba funcionando como debía… o como se esperaba desde arriba.
La designación de Francisco Micheltorena como nuevo coordinador de Flagrancia, compartiendo el timón con Virginia Branca, no es neutra ni casual. Micheltorena deja Delitos Especiales y pasa a comandar una de las vitrinas más expuestas del sistema penal. Flagrancia no sólo resuelve causas: produce estadísticas, impacto mediático y termómetro político. Controlarla es controlar el relato de la “justicia que funciona”.
El efecto dominó completa el cuadro. Alberto Martínez es desplazado al CAVIG y Roberto Ginsberg abandona esa unidad para desembarcar en Delitos Especiales. Ginsberg no es un nombre más: su peso específico se construyó al calor de las causas más duras, violencia extrema y femicidios, donde la presión social y política es permanente. Su traslado refuerza una unidad clave, pero también lo corre de un espacio donde había acumulado centralidad.
La movida también deja lecturas incómodas. Iván Grassi, uno de los arquitectos originales de Flagrancia junto a Adrián Riveros allá por 2017, quedó fuera de la ecuación. El mensaje parece ser de época: la gestión actual no mira demasiado por el espejo retrovisor y prefiere nombres alineados con el presente, no con la etapa fundacional.
Flagrancia, que en 2026 cumplirá nueve años, fue el emblema del giro hacia el Sistema Acusatorio Adversarial, el cambio estructural más profundo de la justicia penal sanjuanina en décadas. Pero también se convirtió en el escenario donde quedaron al desnudo las fricciones entre el Ministerio Público y la Corte.
Durante 2024, el entonces Fiscal General Jimmy Quattropani llevó esa tensión al límite. Denuncias públicas, reclamos por horarios recortados, audiencias amontonadas y acusaciones cruzadas expusieron una pelea de fondo: quién manda en el ritmo real de la justicia. Aquella guerra de comunicados dejó heridas abiertas que todavía condicionan decisiones.
En ese contexto, los movimientos ordenados ahora por Eduardo Baigorrí parecen menos improvisación y más control de daños. Reordenar nombres, mover despachos, redistribuir poder y enviar señales internas antes de que los problemas escalen otra vez a la superficie.
La sorpresa no fue la decisión, sino la velocidad. En Tribunales se hablaba de los cambios antes de que fueran oficiales, una señal clara de que la rosca venía girando hacía días. El próximo viernes se formalizarán los traslados y también las mudanzas: Maipú, Rivadavia y Alem como nuevas coordenadas de un mapa judicial que se volvió a dibujar.
El impacto real no se medirá en los cargos ni en los despachos, sino en algo mucho más político: si Flagrancia vuelve a ser una solución o sigue siendo el problema que nadie quiere nombrar en voz alta.

