Racing se transforma a nivel internacional. Sí, como si se trata de un increíble Hulk celeste y blanco, se muestra vigoroso, avasallante y poderoso. Sobre todo, si enfrente hay un equipo brasileño. No importa el tamaño ni la historia del rival. Pueden ser Bragantino, Athletico Paranaense, Corinthians o Cruzeiro, como en la Copa Sudamericana. También, Botafogo, tal cual sucedió en la Recopa. Y este martes se sumó Fortaleza, el primer escollo en esta nueva edición de la Libertadores. Racing les ganó a todos.
Entonces, la pregunta que los hinchas se hacen tiene que ver con esa mandíbula de cristal que muestra fronteras adentro. ¿Cómo es posible que se encuentre afuera del grupo de los ochos en el Torneo Apertura? Es un caso de diván, sin dudas. Con los mismos jugadores, pero una actitud diferente, aplastó a Fortaleza y arrancó con sintonía positiva la máxima competencia continental.
Salas abrió el camino. Como cada vez que se enfrenta a un rival de esta naturaleza, se encendió. Igual que ante Cruzeiro en Asunción o Botafogo, en el ida y vuelta de la Recopa. Con su enjundia, presionó y ganó. Con su cuerpo, desestabilizó a los centrales locales. Y con un zurdazo magnífico, marcó el gol de Racing.
Fue a partir de un tiro de esquina ejecutado por Gabriel Rojas, bien pasado, que Santiago Sosa bajó en el segundo palo. Salas arqueó su cuerpo, se perfiló para el remate y le pegó de cachetada, lejos del alcance de Joao Ricardo.
Racing encontró la ventaja que había buscado con menor tenencia, más directo para jugar y con los contragolpes como mejor opción para llegar hasta el área de Fortaleza. Con Salas y Maravilla Martínez como puntas de lanza, y los laterales sin inhibiciones para pasar al ataque, le planteó un partido muy incómodo al conjunto del argentino Juan Pablo Vojvoda.
El problema estuvo de la mitad de la cancha hacia atrás. Con los mediocampistas más lanzados, los tres zagueros sufrieron en el retroceso. Y más allá de las virtudes de su rival, que tuvo a Juan Manuel Lucero muy activo en su rol de “9”, Marco Di Cesare y Nazareno Colombo, los stoppers, fallaron en las coberturas. Y hubo muchas faltas cerca del área, errores no forzados que les permitieron a los brasileños inquietar con la pelota parada.
Una muestra gratis se pudo observar cuando recién comenzaba el partido y Pol Fernández remató un tiro libre que Benjamín Kuscevic cabeceó con peligro. Gabriel Arias, bien ubicado, manoteó por encima del travesaño. El arquero también tapó con dificultad un remate de media distancia de Marinho.
Fortaleza manejaba la pelota, pero hallaba más espacios cuando sorprendía con algún pase filtrado. Cuando intentó elaborar en 3/4, le costó penetrar. Racing, en ese sentido, estuvo ordenado. Y si hubiera estado más fino en las contras, en especial Luciano Vietto, hubiera terminado holgado ese primer tiempo. Le faltó justeza a Gastón Martirena en el cuarto minuto adicionado. Cuando quedó mano a mano con Joao Ricardo, que salió apurado, definió apenas desviado con el arco a su merced.
En el segundo tiempo, salió a rematarlo de entrada. Joao Ricardo se lució en menos de un minuto ante Martirena y Maravilla Martínez. Y un ratito después, logró el segundo. No pudo Vietto con el arquero, tampoco con David Luiz, que salvó en la línea, pera Almendra durmió a todos.
Lejos de especular, Racing fue por más. Joao Ricardo tapó media docena de situaciones, entre ellas lo que podría haber sido un gol maradoniano de Nardoni. El palo le dijo “no” a Rojas. Arias hizo su trabajo con dos atajadas frente a Moisés. Pero la Academia merecía algo más. Y llegó el córner de Rojas, el cabezazo de Sosa y el 3 a 0, un resultado más ajustado a la realidad, aunque demasiado corto por todo lo que produjo en el noreste brasileño.