LONDRES/ABU DABI.– Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán el sábado, apuntando a su liderazgo y sumiendo a Medio Oriente en un nuevo conflicto que el presidente norteamericano, Donald Trump, afirmó que pondría fin a una amenaza a la seguridad y daría a los iraníes la oportunidad de derrocar a sus gobernantes.
Los ataques pusieron en alerta a los países árabes del Golfo productores de petróleo ante el temor de una escalada regional, y Teherán respondió lanzando misiles hacia Israel y bases estadounidenses. El cruce militar desató uno de los mayores shocks potenciales para los mercados energéticos globales en décadas, al afectar a la región que concentra cerca del 20% del suministro mundial de crudo.
El petróleo volvió a consolidarse como el principal barómetro de la tensión en Medio Oriente. Irán es un productor clave y se ubica frente a la rica en hidrocarburos península arábiga, al otro lado del estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del suministro global de crudo y productos refinados. El conflicto amenaza con limitar la entrada de petróleo al mercado mundial y empujar los precios al alza.
El crudo Brent cotizaba el viernes en torno a los 73 dólares por barril, acumulando ya una suba cercana al 20% en lo que va del año. De no alcanzarse una rápida resolución, los analistas prevén fuertes aumentos cuando los mercados reabran, en un contexto marcado más por la incertidumbre que por daños físicos inmediatos.
Algunas grandes petroleras y casas comerciales de primer nivel suspendieron los envíos de crudo y combustibles a través del estrecho de Ormuz debido a los ataques, dijeron el sábado cuatro fuentes del sector. La mera posibilidad de que buques queden atrapados dentro del Golfo o se conviertan en blancos potenciales ya está forzando a productores, traders y navieras a replantear rutas y movimientos de petróleo y gas natural licuado.
William Jackson, economista jefe para mercados emergentes de Capital Economics, señaló que incluso si el conflicto se contenía, el Brent podría subir hasta alrededor de los 80 dólares, el nivel máximo alcanzado durante la guerra de 12 días en Irán el pasado junio. Un escenario de enfrentamiento prolongado que afecte la oferta podría disparar los precios hasta los 100 dólares por barril, lo que añadiría entre 0,6 y 0,7 puntos porcentuales a la inflación global, advirtió.
Por ahora, no se han confirmado daños directos a la infraestructura petrolera y gasífera tras los ataques iraníes, un dato que aporta algo de alivio a corto plazo. Sin embargo, se reportaron explosiones en Emiratos Árabes Unidos y Kuwait —dos grandes exportadores de crudo—, mientras que Qatar, segundo mayor exportador mundial de gas natural licuado, informó que interceptó misiles dirigidos a su territorio.
También se escucharon detonaciones en Bahrein y en las inmediaciones de la isla iraní de Kharg, el terminal por donde fluye habitualmente cerca del 90% de las exportaciones de crudo de Irán. Datos de seguimiento marítimo sugieren, no obstante, que Teherán había cargado en los últimos días gran parte del petróleo almacenado allí en buques tanque, una señal de previsión ante un posible deterioro de la seguridad.
De manera crucial, no se registraron hasta ahora interrupciones confirmadas en el tránsito por el estrecho de Ormuz, el angosto paso marítimo entre Irán y Omán por el que circulan cerca de 20 millones de barriles diarios. Aun así, los analistas coinciden en que la ausencia de daños físicos no alcanza para disipar el impacto: la cautela por sí sola ya está generando disrupciones.
Las tarifas de flete de petroleros, que venían subiendo desde antes por el aumento de las tensiones, se encaminan a nuevos máximos. Las tarifas de referencia para superpetroleros que cubren la ruta Medio Oriente–China se triplicaron desde comienzos de año, reflejando tanto el mayor riesgo como la reducción del número de buques dispuestos a operar en la zona.
Es probable que el conflicto exacerbe la volatilidad en los mercados financieros globales, que ya habían registrado fuertes vaivenes este año por los aranceles impulsados por Trump y la corrección del sector tecnológico. El índice de volatilidad VIX subió un tercio en lo que va del año, mientras que la volatilidad implícita de los bonos estadounidenses avanzó un 15%.
Los mercados cambiarios tampoco quedarían al margen. Durante la guerra de junio, el índice del dólar cayó alrededor de un 1%, aunque el movimiento fue breve. Analistas advierten que, si el conflicto se prolonga y afecta el suministro energético, el dólar podría fortalecerse frente a la mayoría de las monedas, salvo el yen japonés y el franco suizo.
El shekel israelí aparece como otra de las monedas más expuestas. En episodios previos de tensión con Irán, la divisa se depreció con fuerza al inicio de los ataques para luego recuperarse rápidamente. Sin embargo, JPMorgan advirtió que esta vez el impacto podría ser más persistente si la confrontación se amplía y aumentan las primas de riesgo regionales, en especial si se activan frentes con los aliados de Teherán.
En paralelo, los inversores comenzaron a refugiarse en activos considerados más seguros. El franco suizo, uno de los principales refugios en tiempos de turbulencia, enfrenta una renovada presión alcista, lo que complica al Banco Nacional Suizo. En lo que va del año, la moneda se aprecia cerca de un 3% frente al dólar.
El oro, que ya venía de una racha récord, podría captar nueva demanda: acumula una suba del 22% en lo que va de 2026. La plata también mostró un desempeño sólido. Los bonos del Tesoro estadounidense, otro clásico refugio, podrían beneficiarse con una mayor demanda, prolongando la reciente baja de sus rendimientos.
La excepción volvió a ser el bitcoin, que perdió su estatus de refugio financiero. Cayó un 2% el sábado y acumula una pérdida superior al 25% en los últimos dos meses.
El mercado petrolero mundial llega a esta crisis relativamente bien abastecido, tras aumentos de producción en Estados Unidos, Brasil, Canadá y otros países. Arabia Saudita también buscó anticiparse: en los últimos días incrementó sus envíos, que superarían los 7 millones de barriles diarios en febrero, el nivel más alto desde abril de 2023, según la consultora Kpler.
Se espera además que la OPEP+ acuerde un aumento de producción en una reunión prevista para este domingo. Sin embargo, los analistas advierten que cualquier interrupción significativa en las rutas de exportación del Golfo podría neutralizar rápidamente esos incrementos, aunque Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con algunas rutas alternativas.
Agencia Reuters

