¡Atención! Lo que parecía una disputa laboral terminó siendo una tragicomedia binacional con guion de Suar, reparto de figurones y producción de bajo presupuesto… salvo por el cobre, que ese sí sale y bien muchito…
En esta esquina: San Juan, con sus ingenieros nacionales más abandonados que mapa en clase de soldadura. Ellos miran cómo los empleos pasan de largo como si fueran Uber para santiaguinos con mochila y visa de “estoy de paseo, pero vine a afanar tu trabajo”.
En la otra esquina: Chile, que con su “industria minera modelo” entra como Pedro por su mina —literal— y despliega técnicos que cruzan la cordillera como si fuera una pasarela. Lo legal, lo moral y lo nacional les chupa un huevo. Total, el cobre no pregunta de dónde sos, pero sí a quién facturas.
Y en el medio, el sainete:
Francisco Almenzar, mezcla de vocero y francotirador verbal, suelta munición gruesa:
“Ni los miran a los nuestros, ni entrevistas ni gracias. Los chilenos entran con visa de turista y se quedan trabajando como si esto fuera Macondo. ¿Legal? ¡Ja! Legal es el silencio cuando la billetera canta”.
Pero la frutilla ácida la pone Marcelo Mena, sindicalista con sangre trasandina y puteada bien sanjuanina: exige 70% de trabajadores locales, y lo dice con tanta pasión que parece arengar en un ring. El tipo mezcla historia familiar, justicia social y patriotismo laboral como quien arma un guiso de bronca con sabor a revancha.
Y entre gritos y memes, aparece ese papel viejo, gastado y desnutrido llamado Tratado Binacional Minero. Una joya jurídica del pasado que sirve para todo, menos para cuidar los puestos de trabajo sanjuaninos. Se firmó cuando los celulares eran con tapa y las empresas todavía tenían vergüenza. Hoy es un salvoconducto para el descontrol.
Conclusión: El proyecto Vicuña (BHP-Lundin), no es un yacimiento. Es un capítulo de «Gran Hermano Minero» donde todos se espían, nadie se banca y el único que siempre gana es el vivo que busca el negocio a como sea. Las fronteras se desdibujan, los contratos se dibujan, y los laburantes… se dibujan solos, esperando que alguien los contrate sin acento extranjero y con rrrrrrrrrrrr bien sanjuaninas.

