Y sí: desde 2023, los sueldos quedaron clavados con cal y canto. El argumento oficial: “todos deben poner el hombro en la crisis”. ¿Quién era “todos”? Ah, claro: la gente… y los funcionarios propios. El fantasma del “gasto cero” como bandera moral de campaña, grabado a fuego.
Pero hete aquí que ahora —después de las elecciones— empezaron los murmullos: “¡Che, alguien me dijo una idea loca: pagar!”. Claro, esa es la novedad. Dicen que la definición la van a tomar entre Javier Milei, su hermana Karina Milei y el jefe de Gabinete Manuel Adorni. Si con ese combo no se define un aumento, que venga Dios y reparta pancho y vino.
Mientras tanto, en un ministerio confidenciaban con tono de resignación-burla: “Más retrasás el anuncio, peor es. Se te van todos. Te quedan los que tienen ‘amor a la Patria’… o los que tienen casa propia y no pagan alquiler.” Palabras más, palabras menos, los funcionarios – esos que defendieron el ajuste con el pecho — ahora están entre dos amores: el patriotismo… y el supermercado con carrito vació.
Y como quien no quiere la cosa, empiezan los chistes internos: “¿Y si nos vamos al sector privado? Dicen que ahí pagaban”. Claro — hasta hace poco, cuando el Estado no pagaba como para llenar el tanque en la mitad de mes. Qué hermosa iniciativa: exportar talento a la medida de tu cuenta de resultados.
Al final termina siendo un culebrón: los mismos que se la pasaron hablando de “ajuste”, “sacrificio” y “dar el ejemplo”, hoy reclaman lo que hace rato les corre por derecho — no porque lo pidan con humildad, sino con resquemor. Y mientras la inflación no para de repartir cachetazos al bolsillo del ciudadano promedio —ese cuyo salario está, posiblemente, en una escala cien veces menor que la de un ministro en bruto—, el Gobierno evalúa si recuerda que sus funcionarios también comen (o deberían).
Así que esperen que el circo siga: funcionarios en plan “doctor dramatización” pidiendo plata, Gobierno buscando justificar moralmente la joda del ajuste, y los ciudadanos en platea, con pochoclos vencidos, preguntándose si nos tomaron el pelo — o si directamente firmaron ticket de avión a cualquier laburo de mierda donde les paguen “en pesos de verdad”.

