La madrugada sanjuanina tiene esas cosas: algunos vuelven del boliche, otros buscan un lomito, y otros —más emprendedores— salen a repartir cocaína en moto como si fuera delivery de empanadas. En Trinidad, sobre avenida Rioja, entre Estrada y Esquiú, la Policía se topó con uno de estos “emprendedores de la economía blanca”. El muchacho circulaba en una moto 110, vehículo tradicional del rubro: liviana, rendidora y aparentemente ideal para transportar sobres con “polvo motivador”.
Los uniformados, que no son nuevos en esto de detectar negocios alternativos, decidieron frenarlo para un control de rutina. Rutina que, curiosamente, suele terminar mal cuando el controlado lleva encima más bolsitas que un kiosco. Durante la revisión apareció la sorpresa: varios envoltorios de cocaína, cuidadosamente empaquetados, listos para lo que en el mercado negro llaman “distribución minorista con sonrisa”.
El joven terminó inmediatamente aprehendido, lo que en términos prácticos significa que el emprendimiento quedó suspendido antes de su primer balance contable. Pero la escena no terminó ahí. Dos hombres, aparentemente más solidarios que prudentes, intentaron entorpecer el operativo. Una decisión estratégica comparable a discutir con el árbitro después de haber metido un gol con la mano; no suele terminar bien.
Otra noche tranquila en Trinidad, donde algunos salen a patrullar… y otros salen a emprender.

