“El que no cambia, desaparece”. Con esa frase —que en Casa de Gobierno repiten como rosario— un funcionario del Ministerio de Producción grafica la urgencia detrás del plan oficial para empujar una transformación estructural profunda de la economía sanjuanina, comenzando por la vitivinicultura. “No podemos seguir vendiendo vino con la esperanza de que el milagro ocurra. El mercado no tiene fe”, agregó, con un café frío en la mano y la mirada de quien lleva semanas sin dormir.
El Gobierno provincial admite que el panorama es crudo: el vino hoy representa apenas el 2 % de las exportaciones sanjuaninas, una cifra que —en silencio— incomoda al gabinete. “La vitivinicultura es nuestra historia, pero no puede ser nuestro destino final”, lanzó otro funcionario, intentando que la frase quede para los diarios, aunque sin firma.
Por eso, desde el Ministerio aseguran que se trazaron cuatro grandes acuerdos que serán la nueva biblia productiva: Cambio varietal inmediato. Potenciar la producción de pasas y mosto como caballito de batalla. Abrir mercados nuevos —“aunque sea vendiéndole uva al Polo Norte”, dijo uno entre risas—. Y una modernización tecnológica estructural para sacar a San Juan del modo “siglo XX”.
“Tenemos productores que todavía riegan como en tiempos de Sarmiento”, disparó un asesor técnico, justificando por qué el plan incluye nuevas tecnologías de riego y energías renovables. La idea —dicen— es combinar tradición con billetera.
Para acelerar los tiempos, en Gobierno ya hablan de injertos masivos: “Es como un trasplante productivo: si la planta no sirve, se opera; no hay cirugía estética para la economía”, sentenció alguien que pidió anonimato “porque después me llaman los bodegueros”.
El mensaje político detrás del plan no se oculta:
“Si San Juan no hace esta transformación estructural, no hay futuro. Nos quedamos repitiendo himnos al vino mientras el resto del país exporta tecnología”, dijo, sin titubear, un secretario que siempre quiere ser gobernador.
Y aunque todavía faltan números, plazos y financiamiento —detalle menor, según la visión local— el Gobierno quiere que la sensación sea clara:
“El cambio es ahora. O lo hacemos, o nos ven por el espejo retrovisor”.

