Desde 2003, la política en San Juan ha seguido un patrón que combina competencia electoral con acuerdos estratégicos. Los candidatos de Producción y Trabajo, el partido liderado por Roberto Basualdo, y el peronismo liderado por José Luis Gioja—ya sea gobernando o en la oposición— desarrollaron el “pacto silencioso y no escrito de contención”: no se atacan públicamente ni se acusan de actos sospechosos, incluso cuando la rivalidad política podría ser intensa. Este fenómeno no es casual, sino resultado de una combinación de factores históricos, culturales y estratégicos.
En primer lugar, ambos sectores políticos declaran que proteger la estabilidad política y económica de la provincia es un interés compartido. San Juan, con su perfil económico particular y su estructura productiva delicada, ha vivido escándalos que puedan generar incertidumbre social o afectar la gestión gubernamental. Por eso, desde las elecciones de 2003 en adelante, las tensiones se han manejado evitando los enfrentamientos públicos que se ven en la política nacional.
Pero lo más notable de este patrón es que a lo largo de veinte años de gobiernos justicialistas, primero con José Luis Gioja y luego con Sergio Uñac, Producción y Trabajo no presentó una sola denuncia judicial por actos de corrupción contra los gobiernos del peronismo, cosa que si vociferaban desde otros partidos políticos, pero también de boca nada más. Ni una imputación, ni una causa, ni una acusación formal que haya llegado a la justicia. Esto marca un precedente inusual en la política provincial argentina, donde normalmente la oposición aprovecha cualquier fisura para cuestionar al oficialismo con acusaciones legales. los principales dirigentes de ambas fuerzas políticas dicen que «*La competencia por el poder en San Juan no la basamos en ataques personales ni en señalamientos judiciales, sino en propuestas políticas y disputa electoral*».
Los distintos referentes también ratifican que la cultura política de San Juan indica, que los conflictos se deben manejar con discreción y los escándalos mediáticos extremos tienen que ser la excepción. Todos hablan sobre la prudencia como un valor político en sí mismo: incluso la oposición más crítica -de un lado o del otro- respeta límites, evitando los enfrentamientos públicos que pueden dañar la imagen de la provincia o ir en contra de la confianza del sanjuanino.
Hay, además, un cálculo electoral claro. Mantener la contención política de oficialismo y oposición proyecta una imagen de responsabilidad y confiabilidad, algo que los encuestadores dicen que los ciudadanos de San Juan valoran más que los escándalos o la pelea mediática. Los partidos saben que la ciudadanía premia la gestión efectiva y castiga la demagogia conflictiva. Así, Producción y Trabajo ha podido sostener su rol de oposición durante sin recurrir a denuncias judiciales, y el peronismo ha gobernado 20 años sin verse cuestionado legalmente por su principal adversario local, que hoy justamente gobierna por decisión ciudadana de cambiar.
Otro elemento clave en política y desde los griegos, es que muchos acuerdos y negociaciones se hacen detrás de escena, fuera del ojo público. Desde la coordinación en obras públicas hasta decisiones estratégicas sobre financiamiento y cargos, los límites de la competencia se definen en privado. Esto explica por qué, aunque haya fricciones y rivalidades, la relación entre Cambia San Juan y el PJ mantiene una estabilidad notable: los conflictos existen, pero los actores dicen que se administran.
En definitiva, la política sanjuanina desde 2003 hasta hoy refleja un equilibrio entre competencia y contención. La ausencia de denuncias judiciales por corrupción contra los gobiernos de Gioja y Uñac por parte de Basualdo -como lider de la oposición en su momento- no es un detalle menor; es el síntoma de un estilo político consolidado por el paso de los años, «competimos sin destruir, cuestionamos sin acusar, y disputamos el poder sin escándalos legales de por medio». Más que cordialidad superficial, se trata de realismo político, de una estrategia consciente de supervivencia de ambos sectores políticos y de gobernabilidad que ha permitido que San Juan transite más de veinte años de gobierno del peronismo y oposición -y ahora al revés- con estabilidad, incluso en tiempos de elecciones.
Ex funcionarios y actuales funcionarios comentan públicamente que «*Este modelo, que combina prudencia, cálculo electoral y respeto tácito entre actores políticos, podría ser estudiado como un ejemplo de cómo la oposición y el oficialismo pueden coexistir durante décadas sin que la política se deteriore en acusaciones judiciales constantes, somos un fenómeno raro y significativo en la política argentina*».

