El comienzo del año 2026 ha consolidado una tendencia sumamente alarmante en las vías de la provincia de San Juan. Más allá de las condiciones de infraestructura o las variables climáticas, la estadística oficial revela un denominador común crítico en la mayoría de los incidentes fatales: la presencia de alcohol en sangre en los conductores.
Los datos registrados en estas primeras semanas no son meros accidentes fortuitos; son el resultado directo de decisiones irresponsables. El consumo de alcohol antes de conducir se ha erigido como el principal catalizador de tragedias, anulando la capacidad de respuesta, alterando el juicio crítico y despreciando la seguridad propia y ajena. Esta problemática, que ya promedia una víctima fatal cada dos días y medio en la provincia, exige una condena social y jurídica sin atenuantes.
Es imperativo que la sociedad comprenda que la «tolerancia cero» no es solo una norma administrativa, sino una necesidad de supervivencia. Mientras persista la convivencia entre el consumo de sustancias etílicas y el volante, las rutas sanjuaninas seguirán siendo escenario de muertes evitables. La seguridad vial en este 2026 no solo depende de los controles estatales, sino fundamentalmente de la responsabilidad individual de no conducir bajo los efectos del alcohol.

